sábado, 7 de marzo de 2009

EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA COMO PROBLEMA
Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete




Por origen de la filosofía debemos entender el punto de partida, la fuente de la que mana en todo tiempo el impulso que mueve a filosofar, debemos entender la fuente primigenia y fundamental del que procede el impulso que mueve a los hombres a filosofar.

A lo largo de la historia del pensamiento de la humanidad el origen de la filosofía constituye un complejo y controvertible problema de la filosofía. Hasta la actualidad no hay unanimidad de criterios, sólo hay respuesta parciale referente al origen de la filosofía, así como tampoco hay acuerdo unánime sobre el significado del término filosofía.

La filosofía no surgió de la nada, tuvo que surgir de algo como producto del ejercicio de las facultades cognoscitivas del ser humano. A través del proceso evolutivo histórico la filosofía no deja de tener su Prehistoria, su Historia propiamente dicha y su Protohistoria, en cuyos ciclos existenciales cumple su razón de ser, desarrolla el análisis y la autocrítica, resuelve sus problemas, logra sus objetivos, fines y metas.

“Es a partir de la polémica que suscitan los filósofos alejandrinos durante el período helenístico cuando el origen de la filosofía comienza a convertirse en un problema. Y será a lo largo del siglo XX cuando se comiencen a encontrar respuestas explicativas de la aparición del fenómeno filosófico” (http://www.webdianoia.com).


Origen diverso y múltiple

En las expresiones del filósofo alemán y existencialista cristiano, Karl Jaspers, el “Origen es la fuente de la que mana en todo tiempo el impulso que mueve a filosofar. Únicamente gracias a él resulta esencial la filosofía actual en cada momento y comprendida la filosofía anterior”. y que “Este origen es múltiple. Del asombro sale la pregunta y el conocimiento, de la duda acerca de lo conocido el examen crítico y la clara certeza, de la conmoción del hombre y de la conciencia de estar perdido la cuestión de sí propio” (“La Filosofía”).

Si repasamos un poco la historia de la filosofía nos daremos cuenta perfectamente que el origen de la filosofía es diverso o múltiple. Luego de una revisión de la abundante literatura existente podemos concluir que la filosofía se origina en el mito, las teogonías y religiones, el Primer Ser (Dios), el ocio, la admiración intelectual, la conciencia de impotencia, la duda metódica, la naturaleza humana, la angustia, la conciencia o la experiencia de las situaciones límites (muerte, padecer, sufrimiento, dolor, enfermedad, azar), la felicidad, y la satisfacción de las necesidades humanas. Una mayor explicación sobre dicho origen el lector podrá encontrarlos en la obra “El filósofo según los filósofos” (Lima, 2005).

El origen hebreo y oriental de la filosofía

Algunos estudiosos de la filosofía pretenden que la palabra philosophia, procede del hebreo, porque el sophos que entra en su composición tiene sus radicales en un verbo hebreo que significa “contemplar”.

Pero también existe otra hipótesis que sostiene el origen a partir de la filosofía oriental. Sin duda existe también en Oriente concepciones que pueden ser consideradas como filosóficas con características singulares. Por ejemplo, para el Dr. Franz-Josef Brecht, de la Escuela Superior de Manheim (“Enciclopedia Abreviada Labor”, Tomo 2,)“La estructura interna de las antiquísimas y venerables culturales de Oriente puede caracterizarse como una ilimitada unidad del alma con el todo, y se revela en la maternal envoltura del espíritu por una gran unidad comprehensiva y protectora”.

Brecht, al efectuar una diferenciación entre la filosofía de Occidente y la filosofía de Oriente, expresa lo siguiente: “Pero aquí radica precisamente el hecho decisivo en cuya realización y despliegue se basa la filosofía de Occidente: que el hombre, en su ser propio, se destaca de la unidad del todo por su razón autoconsciente y su libertad pugnante, se contrapone a ella y quiere ser él mismo. Este proceso se opera entre los griegos. Mientras en Oriente todas las esferas vitales se hallan encerradas en el elemento único y omnicomprehensivo de la religión, los griegos se crean una filosofía autónoma y con una legalidad propia, como una ciencia fundada en sí misma. Esta obra se realiza sobre el telón de fondo de la fe griega y en conflicto con la religión indígena”. Algo más: Francisco Nicoli Attimis, en su obra “Filosofía”, revela que “En la exploración de las raíces históricas de la filosofía, una tradición que se remonta a los pensadores judíos de Alejandría en el siglo I a.C., sostiene que la filosofía griega procede de Oriente. Esta tradición parece sustentarse en que los principales filósofos griegos Pitágoras, Parménides, Demócrito, Platón habrían hecho suyos los conceptos científicos y filosóficos egipcios, babilónicos, hebraicos e indostánicos. Pitágoras viajó a Egipto, Platón a Cirenaica y Egipto, Demócrito a Oriente”.

En la obra “Historia del Pensamiento – Filosofía Antigua” (Ediciones Sarpe) se refiere sobre el pretendido origen oriental de la filosofía en los términos siguientes: “Una tradición que se remonta a los filósofos judaicos de Alejandría (siglo I antes de Jesucristo) afirma que la filosofía griega procede de Oriente. Los principales filósofos griegos habrían tomado de doctrinas hebraicas, egipcias, babilónicas e indias, no sólo sus descubrimientos científicos sino también sus concepciones filosóficas más personales. Esta opinión se fue difundiendo cada vez más durante los siglos siguientes; culminó en la opinión del neopitagórico Numenio, que llegó a llamar a Platón “Moisés en versión ática”; y de él pasó a los escritores cristianos”

“Sin embargo, tal opinión no tiene fundamento alguno en testimonios más antiguos. Es cierto que se habla de viajes de varios filósofos a Oriente, especialmente a Egipto. A Egipto habría ido Pitágoras; Demócrito, a Oriente; a Egipto, Platón. Mas el propio Platón (República, IV, 435e) contrapone el espíritu científico de los griegos al afán de lucro, propio de egipcios y fenicios; y así excluye del modo más claro la posibilidad de que en las concepciones de estos pueblos se haya podido o se pueda hallar inspiración para la filosofía. Por otra parte, las indicaciones cronológicas de que se dispone acerca de las doctrinas filosóficas y religiosas orientales son tan vagas que ha de considerarse imposible establecer la prioridad cronológica de tales doctrinas sobre las griegas correspondientes”.

“Más verosímil parece a primera vista la procedencia oriental de la ciencia griega. Según Herodoto, la geometría habría nacido en Egipto a causa de la necesidad de medir la tierra y distribuirla entre sus propietarios después de las periódicas inundaciones del Nilo. Según estas tradiciones, la astronomía habría surgido entre los babilonios y la aritmética también en Egipto. Pero los babilonios cultivaban la astronomía como consecuencia de sus creencias astrológicas, o sea a fin de poder predecir el destino de los hombres; y la geometría y la aritmética conservaron entre los griegos su carácter práctico, completamente distinto del especulativo y científico de que estas doctrinas se revistieron entre los griegos”.

La religión y el supremo hacedor

Más allá de los conflictos habidos entre la religión y la filosofía en tiempos de la Grecia antigua, es una verdad monda y lironda que la religión ha precedido a la filosofía en todos los pueblos, países o naciones del mundo, a tal punto, - escribe Eduardo Pallares-, que “muchas sociedades no han salido del período que Comte llama teológico. En el conocimiento filosófico predomina la razón mientras que la religión descansa sobre la fe, los sentimientos y un especial modo de intuir el más allá del mundo visible…” (“Introducción a la Filosofía. ¿Qué es la Filosofía?”).

Para unos, el origen natural de la Filosofía radica en el Primer Ser o Supremo Hacedor que es Dios, argumentando que Dios es quien creó al hombre, a la naturaleza, al universo, a los animales, a las plantas, a todo cuanto hay en el mundo. Y es Dios el que infundió al hombre de su naturaleza de conocer, de su espíritu, logos o razón como una de sus facultades cognitivas. El hombre movido por la admiración que le producen los fenómenos naturales o sociales que lo circundan trata de indagar sus causas y consecuencias, de encontrar alternativas de solución a los mismos. “Puesto que Dios es la misma sabiduría, el verdadero filósofo es aquel que ama a Dios” sentenciaba San Agustín.


Lo mítico-religioso

Se puede afirmar, entonces, que la filosofía nació confundida con los misterios órficos, con la mitología, la astronomía, la dramática, la poética, la cosmogonía y la teogonía. En los pueblos más antiguos del Oriente (indios, persas, egipcios) algunos estudiosos afirman que hubo filosofía, pero estaba confundida con la religión y era como ésta una ciencia dogmática. En este sentido, la filosofía empezó siendo imaginaria, irracional e intuitiva. Así los primeros filósofos concibieron el origen de la filosofía como el paso del mito al logos, término éste que en griego significa razón, palabra, discurso, ciencia; era el paso fundamental e irrenunciable del saber irracional al saber lógico o racional.

F.M. Cornford defiende la tesis del desarrollo del pensamiento filosófico partiendo del pensamiento mítico-religioso de Grecia del siglo VI antes de Cristo. Para él existe “una continuidad real entre la primera especulación racional y las representaciones religiosas que entrañaba”, de tal modo que “las maneras de pensar que, en filosofía, logran definiciones claras y afirmaciones explícitas ya estaban implícitas en las irracionales intuiciones de lo mitológico”.

Cornford revela cómo la estructura de los mitos de Hesíodo en la “Teogonía” se mantiene en las teorías de los primeros filósofos, rechazando éstos el recurso a lo sobrenatural y la aceptación de la contradicción. Destaca la influencia educativa de Homero y Hesíodo en la constitución y posterior desarrollo de la civilización griega, y analiza también cómo algunos de los conceptos que serán fundamentales posteriormente en la filosofía (moira (hado, destino), diké (justicia), Phycis (naturaleza), ley, dios, alma, etc.) proceden directamente del pensamiento mítico-religioso griego (“De la religión a la filosofía”, http://www.webdianoia.com).

Aristóteles (“Metafísica”) afirma que Hesíodo fue probablemente el primero que buscó el principio de las cosas cuando manifestó que “lo primero de todo fue el caos, después fue la tierra del amplio seno… y el amor que resplandece entre los dioses inmortales”. Posteriormente, Ferécides de Siro fue el primer poeta cuya cosmología llegamos a conocer. Él sostiene que antes de cualquier cosa y eternamente existían los dioses Zeus, Cronos y Ctonos. Ctonos, era la tierra; Cronos, el tiempo y Zeus, el cielo, de los cuales el dios Zeus, transformado en el dios Eros, o sea en el dios del amor, procede a la creación del mundo.

El mito forma parte del pensamiento primitivo y de la evolución de la cultura humana. Toda cultura, toda época histórica tiene sus mitos propios, como lo tuvo el Imperio de los Incas en el Perú, por ejemplo, los mitos de Manco Cápac y Mama Ocllo, de los hermanos Ayar, de Wiracocha, de Rómulo y Remo, entre otros. “Una cultura sin mitos todavía no ha existido” dijo Alejandro Korn en sus “Apuntes filosóficos”.

La filosofía griega, que comprende cuatro etapas (cosmogónico, cosmológico, antropológico y sistemático), llegó a construir sus más grandes concepciones de la filosofía: sobre el origen del universo; sobre los problemas del universo; sobre los problemas y el destino del hombre; sobre la naturaleza y la filosofía como sistema propiamente dicho, desarrollándose una intensa y profunda actividad intelectual, llegando a interpretarse la naturaleza de una manera mítico-religiosa y tratando de obtener una visión del origen del mundo y de los fenómenos de la naturaleza. Así es como nace la filosofía como conocimiento racional de las últimas causas o de los primeros principios de la naturaleza.

Antes de la filosofía griega existía una forma de pensar prefilosófico, era el pensamiento mítico que pretendían dar explicaciones acerca del origen del mundo (Cosmogonía), de los problemas del universo (Cosmología) y problemas de la naturaleza (Física).

El mito, en la forma más antigua que llega hasta nosotros, surge en el siglo VI antes de Cristo y en el mito se halla presente la mentalidad primitiva, la explicación sobre el origen y la formación del mundo interior y exterior, sobre el secreto de la naturaleza, el enigma de la conciencia Hegel llegó a decir en su “Introducción a la Historia de la Filosofía” que “El contenido general de la filosofía ha existido antes en la forma de la religión, en la forma del mito, que en la forma de filosofía”.

Antiguamente se creía en deerminadas fuerzas naturales y superiores como el sol, la luna, las estrellas, el trueno, el viento, los cerros, las plantas, y fuerzas de índole artificial como los dioses y objetos creados por el hombre, a través de las cuales de pretendía dar la explicación a hechos, fenómenos, situaciones y problemas que ocurrían cotidianamente, y así se fue formando un cúmulo de creencias pre-racionales, como una necesidad, en el hombre antiguo para explicar la realidad. El mito era la pseudo-solución o la solución falsa) de los grandes enigmas filosóficos que planteaba el universo, en los inicios de la humanidad y las civilizaciones.

El gran Aristóteles, en el libro I de su Metafísica manifiesta que “el amigo de la filosofía lo es en cierta manera de los mitos, porque en el fondo de las cosas está siempre lo maravilloso”.


El arjé o principio de todas las cosas

Fueron los filósofos presocráticos, Tales, Pitágoras, Anaxímenes, Anaximandro, Parménides, Heráclito, Anaxágoras, etc., los que trataron de hallar una explicación última del cosmos, a través de un principio único, según pasamos a reseñar: Tales de Mileto: el agua es el arjé o principio de todas las cosas, el punto de partida infinito de todo cuanto hay en el mundo; Anaximandro fue el primero que utilizó en el sentido filosófico el término principio. Más tarde, el gran Aristóteles, en su Metafísica, nos describe lo que los integrantes de la escuela de Mileto, en la antigua Jonia (Asia Menor) entendían por principio: “Aquello de que son todas las cosas que existen, de dónde primeramente han nacido, y adónde se reducirán finalmente, permaneciendo la sustancia y mudándose los accidentes, tal es lo que dicen ser la materia y el principio de los seres”. Anaximandro indica que el apeirón es el origen de todas las cosas; Anaxímenes de Mileto: el aire; Pitágoras: el número; Jenófanes de Colofón: el Ser; Heráclito de Éfeso: el fuego o calor que da vida a todo; Parménides de Elea: la razón; lo mismo es Pensar y Ser; Anaxágoras de Clazómene: el “nous”; Empédocles de Agrigento: el fuego, el aire, la tierra y el agua.

Raíz etimológica

«El problema fundamental de la filosofía radica en su nombre», afirma Przywara, toda vez que, etimológicamente, equivale a amor (philein) a la sabiduría (sophia) y el amor todos muy bien lo sabemos puede ser interpretado de diversas maneras, por ejemplo, como un «buscar afanoso» lo que no se tiene (la sabiduría, in casu) o como una «amorosa posesión» del conocimiento o saber.

El origen de la voz castellana “filosofía” proviene de la voz latina philosophia, la misma que está compuesta de dos palabras: philo o philein, que significa “amor”; sophia o sapientia, “sabiduría”.

Etimológicamente, filosofía significa “amor a la sabiduría”, “tendencia a la sabiduría”, “deseo de saber”, “aspiración a la obtención del saber”, “deseo de conocimiento”.

La palabra griega philósophos (filósofo), como sustantivo se formó en oposición al adjetivo sophós (sabio).

En las escuelas filosóficas de Platón (“Academia”) y de Aristóteles (“Liceo”) el término filosofía significaba sabiduría. Platón expresó que sólo el conocimiento de las ideas como esencia de las cosas nos conduce a la sabiduría.

El término filosofía aparece por primera vez en la obra “Historia” de Herodoto. Este célebre historiador griego introdujo el verbo filosofar, entendido como actitud mental superior del hombre.

En cambio Santo Tomás de Aquino refiere que la palabra Filosofía en su sentido estricto fue utilizado por primera vez por el matemático y filósofo Pitágoras de Samos (580-500 a.C.), quien al ser interrogado sobre su profesión, respondió que era filósofo, es decir, amante o amigo de la sabiduría (viritatis amicus), pero no sabio o “sophos”. Pitágoras fundó, asimismo, una sociedad para el cultivo de la filosofía en la Italia meridional, durante la segunda mitad del siglo VI antes de Cristo.