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LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE MAYOR ÉXITO Y SUS COMPETENCIAS

LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE MAYOR ÉXITO Y SUS COMPETENCIAS Escribe: Eudoro Terrones Negrete Los estudiantes de mayor é...

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miércoles, 13 de mayo de 2020


DESCARTES, 

EL FUNDADOR DE LA FILOSOFÍA MODERNA

Escribe: Eudoro Terrones Negrete



René Descartes, retratado por el pintor barroco, Frans Hals, en 1649.


VIDA Y PERSONALIDAD

Renatus Cartesius Descartes (1596-1650) nació el 31 de marzo de 1596 en La Haya, Turena, Francia, y murió el 11 de febrero de 1650 en Estocolmo.

Filósofo, matemático, físico, geómetra y fisiólogo francés, desde temprana edad estuvo dedicado al estudio. Curioso, reflexivo, pálido, débil, enfermizo, tenía permanente tos seca, en su juventud era un tanto mundano, pero de fuerte personalidad y con gran predisposición por las ciencias matemáticas debido a la “certeza y evidencia que posee en sus razones”.

Desde su adolescencia estimaba la elocuencia, era sufrido enamorado de la poesía, sentía deseo extremado de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso para ver claro en sus actos y ver con seguridad en esta vida. Buscaba acostumbrar a su espíritu a saciarse de verdades y a no contentarse con falsas razones. Tenía gran cuidado de no admitir en su creencia ninguna opinión nueva que no estuviese fundada en certísimas demostraciones.

Descartes es considerado como el verdadero fundador de la filosofía moderna, el fundador del idealismo moderno; es uno de los fundadores de la epistemología moderna y uno de los creadores de una física nueva, de la geometría analítica.

Formuló la ley general de la acción y la reacción, la ley de la conservación total de la cantidad de movimiento cuando chocan dos cuerpos no elásticos. Introduce el dualismo en la física y en la doctrina acerca del hombre. Liberó la reflexión filosófica de toda autoridad política o religiosa.

Antonio Caso y Francisco Larroyo dirían de Descartes: “La pasión de saber, indiferente a todo afán de bienes externos, el irresistible impulso de autoformación, la lucha contra todo engaño de sí mismo, la exaltación de la vida puramente intelectual y la plena autoridad de la verdad íntima; he ahí la esencia de su personalidad”.

Para la época en que vivió Descartes no dejó de ser un auténtico revolucionario que se atrevió a luchar en el plano de las ideas contra las tradicionales doctrinas y filosofías. 

No es de extrañar que Hegel viese en Descartes un héroe, un libertador, un hombre que abre las puertas a una nueva época en el pensamiento humano. Malebranche diría que Descartes “descubrió en treinta años más verdades que todos los otros filósofos juntos”. Leibniz vio en la filosofía cartesiana "la antecámara de la verdad y que resulta difícil ir más adelante sin antes haber pasado por ella”.

Católico, prácticamente durante toda su vida, recibió influencia de la filosofía escolástica, sufrió persecución por sus ideas de parte de los teólogos neerlandeses que le obligaron a residir en Suecia.

A los 23 años de edad Descartes ya aplicaba el álgebra a la geometría, ya delineaba las reglas básicas de su lógica.

Descartes confesaba en su “Discurso del Método”: “Aunque mis maestros no me han enseñado nada de cierto, sin embargo, debo estarles agradecido por haber aprendido de ellos a reconocerlo, y mucho más porque las cosas que me han enseñado son dudosas.”

OBRAS

Descartes escribió las obras: Discurso del Método, Meditaciones metafísicas, Tratado de las pasiones del Alma, Principios de Filosofía, Reglas para la dirección del espíritu, Tratado del Hombre, La Drióptica, Los Meteoros, y la Geometría.



CONCEPCIÓN ACERCA DE DIOS

De sus obras “Discurso del Método” y “Meditaciones metafísicas” extraemos la concepción de Descartes acerca de Dios.

Dios es una sustancia infinita, eterna, inmutable, omnisciente, omnipotente, perfecta, existente y verdadera; es fuente suprema de bondad y de verdad, soberana, independiente. Dios es el Supremo creador del universo, de las cosas, del hombre, de todo lo que existe y que no puede ser causa de error o de engaño. Dios creó “un alma razonable y la añadió al cuerpo”, dio a cada hombre “alguna luz” (razón) con qué discernir lo verdadero de lo falso y ha establecido en la naturaleza “ciertas leyes y cuyas nociones ha impreso en el alma del hombre”. A la suprema e infinita perfección de Dios nada puede añadirse, pues es un ser “del todo acabado en todas sus partes”.

CRITERIO DE VERDAD

Descartes define lo que es el conocimiento claro y lo que es el conocimiento verdadero: “Claro es un conocimiento que está presente y patente al alma atenta, como se llama claro a lo que está presente al ojo contemplador y lo excita con fuerza suficiente. Llamo, empero, distinto, a un conocimiento que en su claridad se distingue y deslinda de todos los demás, y en el cual, además, las partes o elementos del objeto están diferenciadas, como, por ejemplo, ocurre en los números. Por consiguiente, todo lo que yo conozco clara y distintamente en la misma forma puedo considerarlo verdadero.

Según el pensamiento cartesiano “Todas las cosas que concebimos muy clara y distintamente son verdaderas”. “Todo lo que hallamos contenido en la idea de una cosa es verdad de esta cosa si existe, y puede ser afirmado de ella”. Es decir, toma como criterio general de verdad la percepción clara y diferenciada de una cosa, de la cual deduce todas las demás verdades.

Para la veracidad de Dios (que si Dios existe) Descartes toma como criterio de verdad la idea de perfección infinita cuando dice: “…esto mismo que antes he tomado como una regla, a saber, que las cosas que concebimos muy clara y muy distintamente son todas verdaderas, sólo es segura porque Dios es o existe y que es un ser perfecto y que todo lo que está en nosotros procede de él”.

“El filósofo del método” como suele denominársele a Descartes, distingue tres grupos de ideas: a) ideas adventicias, b) ideas facticias,  c) ideas innatas.
a)     Ideas adventicias, derivan de los sentidos y por eso no ofrecen garantía de verdad objetiva.
b)    Ideas facticias, son aquellas ideas elaboradas por nosotros mismos sobre las ideas precedentes.
c)     Ideas innatas, son connaturales al entendimiento humano y vienen con nosotros al nacer, dan origen a la verdad objetiva o científica, son ideas verdaderas y de las cuales proceden los conocimientos verdaderos.

LA SUBSTANCIA

Descartes define la substancia como aquello que de tal manera existe, que no necesita de ninguna otra cosa para su existencia. Y según esta definición Descartes admite que sólo Dios es substancia. La existencia de la substancia está supeditada a la voluntad y decisión divina, tal es el aspecto metafísico de la substancia. En el aspecto gnoeológico substancia es cualquier propiedad, cualidad o atributo cuya idea real está en nosotros. Y, todo lo que constituye la substancia es substancial.

La substancia tiene propiedades, la propiedad principal que expresa la “esencia” de la cosa o del sujeto y que se concibe por sí sola se denomina atributo. En Dios distingue dos clases de substancias finitas: espíritu, con su atributo el “pensar” (la conciencia), y el cuerpo, con su atributo la “extensión” que origina todos los cuerpos del mundo.

También la substancia tiene “modos” o “accidentes”, que vienen a ser sus propiedades, tales como, modos del pensamiento: el sentir, el querer, el anhelar, el imaginar, el juzgar.

MODOS DE LA EXTENSIÓN

La figura, la posición, los movimientos (del espacio). Con esta teoría Descartes representa el dualismo metafísico, al establecer una radical diferencia entre ambas substancias de alma y cuerpo y que existen cada una de ellas con total independencia mutua.

DESCARTES Y SU CONCEPCIÓN ACERCA DEL HOMBRE

Todo lo que está en el hombre proviene de Dios. Dios ha establecido ciertas leyes en la naturaleza y que Dios es incapaz de engañar a los hombres.

Descartes identifica al ser humano con el ser pensante (Cogito ergo sum = “Yo Pienso, luego soy”). «Yo no soy, precisamente hablando, más que una cosa que piensa, o sea un espíritu, un entendimiento o una razón…Soy una cosa que piensa, es decir, que duda, afirma, niega, conoce, pocas cosas, ignora otras muchas, ama, odia, quiere, no quiere, y también imagina y siente..»[1].

Según Descartes el buen sentido o razón, es decir la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, es “naturalmente igual en todos los hombres” y que la diversidad de las opiniones de los hombres no depende de que unos sean más razonables que otros, sino que dirigen sus pensamientos por derroteros diferentes y no consideran las mismas cosas.

El pensamiento lógico es el punto de partida de toda explicación de la realidad, de Dios, del universo, del hombre y de la vida. El ser queda subordinado al pensar, para conocer habría que pasar del pensamiento a la realidad y no de la realidad al pensamiento, importa más lo subjetivo que lo objetivo, la representación que la realidad de las cosas, lo psicológico que lo ontológico. “Es absolutamente verdadero que hay que creer que hay un Dios, porque así lo enseña la Sagrada Escritura, y, por otra parte, hay que dar crédito a la Sagrada Escritura, porque viene de Dios…”. “La idea de Dios que está en el hombre tiene por fuerza que ser efecto de Dios mismo”. La existencia del hombre depende de Dios. En Dios se hallan encerrados todos los tesoros de la ciencia y de la sabiduría, el conocimiento de las cosas del Universo.

El hombre queda definido como «una máquina que piensa». La “razón” es la “única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales”. “El hombre es conciencia, subjetividad, en la que el yo está encerrado”. “El hombre es la cosa pensante”. Descartes identificó la cosa pensante (res cogitans) o la mente con el alma humana y la conciencia; y el cuerpo es una máquina física, separable del alma.

Y que “las almas más grandes son capaces de los mayores vicios, como de las mayores virtudes, Y los que andan muy despacio pueden llegar mucho más lejos, si van siempre por el camino recto, que los que corren, pero se apartan de él”.

El hombre es un ser imperfecto pero posible de perfección relativa en la medida que depure progresivamente sus vicios y defectos, hasta el fin de su existencia. El hombre es una sustancia, cuya esencia y naturaleza toda es pensar, y que no necesita, para ser, de lugar alguno, ni depende de cosa alguna material. El alma o espíritu del hombre, que es “naturaleza inteligente” y “sustancia pura”, es inmaterial, indivisible, mutable e inmortal por naturaleza, es enteramente distinta e independiente del cuerpo, que no está atenida a morir con él, y aun cuando el cuerpo no existiese “el alma no dejaría de ser cuanto es”. “El alma humana no muere con el cuerpo[2]”. El cuerpo humano, que es diferente de los otros cuerpos,  es perecible, finito, divisible, imperfecto, dependiente, incompleto y está compuesto de cierta configuración de miembros y otros accidentes que están sujetos a cambio. La naturaleza del hombre es endeble y limitada.

“Todo hombre está obligado a procurar el bien de los demás, en cuanto puede y que propiamente no vale nada quien a nadie sirve”.

“Pero, si hay algunos que están persuadidos de que es difícil conocer lo que sea Dios, y aun lo que sea el alma, es porque no levantan nunca su espíritu por encima de las cosas sensibles y están tan acostumbrados a considerarlo todo con la imaginación –que es un modo de pensar particular para las cosas materiales-, que lo que no es imaginable les parece no ser inteligible…” señala Descartes en su obra “Discurso del método”.

En el Diccionario soviético de filosofía[3] se lee lo siguiente: “También es dualista la doctrina de Descartes acerca del hombre: en el hombre, afirma, el mecanismo corpóreo, sin alma y sin vida, se halla realmente concatenado al alma, volitiva y pensante. Según Descartes, el alma y el cuerpo, heterogéneos, ejercen entre sí una acción recíproca a través de un determinado órgano: la denominada glándula pineal. En fisiología, Descartes estableció un esquema de reacciones motoras que constituye una de las primeras descripciones científicas del acto reflejo. No obstante, la fisiología materialista cartesiana entraba en combinación contradictoria con la doctrina sobre la inmaterialidad del alma: a diferencia del cuerpo, cuya esencia veía Descartes en la extensión, la esencia del alma, según él, radica en el pensar. En los animales, Descartes veía tan sólo autómatas complejos, carentes de alma y de la facultad de pensar. Como para Francis Bacon, para Descartes la finalidad última del saber estriba en el dominio de las fuerzas de la naturaleza por parte del hombre, en el descubrimiento e invención de recursos técnicos, en el conocimiento de las causas y de los efectos, en el perfeccionamiento de la naturaleza del hombre. Para llegar a tal finalidad, Descartes creía necesario poner previamente en duda todo cuanto existe. Esta duda no suponía creer incognoscible lo existente, era tan sólo un recurso para hallar el principio absolutamente fidedigno del saber. Este principio, según Descartes, es el de que «pienso: luego existo». De esta tesis, su autor intentaba inferir asimismo la existencia de Dios y, luego, la convicción de que el mundo exterior es real”[4]



[1] Descartes, Renato, Discurso del Método y Meditaciones metafísicas. Editorial Universo, S.A., Lima, s/f, p. 95.
[2] Descartes, en su “Discurso del método”,  entiende por cuerpo: “todo aquello que puede terminar por alguna figura, estar colocado en cierto lugar y llenar un espacio, de modo que excluya a cualquier otro cuerpo; todo aquello que pueda ser sentido por el tacto o por la vista, o por el oído, o por el gusto, o por el olfato; que pueda moverse en varias maneras, no ciertamente por sí mismo, pero sí por alguna cosa extraña que lo toque y le comunique la impresión”.
[3] Diccionario soviético de filosofía, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1965, pp. 114-115.
[4] http://www.filosofia.org/enc/ros/desca.htm.