domingo, 5 de mayo de 2019

REFLEXIONES SOBRE LOS FUNDAMENTOS ÉTICOS DEL PERIODISMO



Escribe: Eudoro Terrones Negrete

Desde la caída del Muro de Berlín en 1989, el mundo deja de ser bipolar y se convierte en unipolar y el capital intelectual es el capital más importante con que cuenta la humanidad como producto de la revolución científica y tecnológica en la información y la comunicación que ha logrado democratizar el saber y el conocimiento.

Vale la pena recordar que en 1750 por primera vez se duplicó el conocimiento de la humanidad. Ciento cincuenta años después, es decir en 1900 se repite el mismo fenómeno. Nuevamente se duplica el conocimiento en 1955. A la fecha se estima que el conocimiento humano se duplica cada 5 años. Y se proyecta que para el año 2020 se duplicaría cada setenta y tres días.

El mundo enfrenta un fascinante proceso de cambio en lo gnoseológico, tecnológico, social, cultural, educativo, empresarial, industrial, económico, político, profesional, comunicacional, jurídico, ecológico y axiológico.

Ahora el planeta parece más cercano cuando uno se comunica a través de Internet con cualquier parte del mundo. Por primera vez, el hombre aparece como habitante del mundo, como ciudadano del mundo. Todo esto precisamente porque se produjo el gigantesco paso histórico de la memoria escrita (imprenta) a la memoria electrónica (computadora, 1955). Vivimos en una comunidad global interconectada por una red de redes de ordenadores que crea un “hábitat informático”, sin límites de tiempo y de espacio.

Ahora los medios de comunicación masiva son reemplazados por los medios desmasificados, como las radios de frecuencia compartida, el videocable, los bancos de videocasetes, los videojuegos. En esta era digital se produce el tránsito de los medios de comunicación masiva a la comunicación sectorial e individualizada, funcionan cientos de miles de canales temáticos televisivos, hay cambios en los lenguajes, formatos, formas de escribir o de narrar. Surge el hipertexto como nuevo modo de acceder y estructurar la información. Ahora los usufructuarios de los medios son a la vez consumidores y productores de información (mal llamados periodistas ciudadanos). Aparecen los portales, las páginas web, las redes sociales, las cibercomunidades, el teletrabajo, la ciberuniversidad, las organizaciones inteligentes, el aprendizaje electrónico, el libro electrónico, los laboratorios virtuales, las aulas inteligentes, el periodismo digital  y  el comercio electrónico, entre otros.

Es así como se rompe con la tradicional comunicación lineal y unidireccional de un emisor a un receptor, para entrar en comunicación multilineal, multidireccional e interactiva. Desaparece la dictadura del tiempo y del espacio, la dictadura valorativa y selectiva de los contenidos por parte de los editores y dueños de los medios de comunicación y se democratiza el uso de los contenidos de la información y la comunicación. Hay hipercirculación de DICs (dato, información, conocimiento, sabiduría) con absoluta libertad, libertad de informar sin límites ni trabajas y sin censura.

Dentro de este contexto mundial abordaremos el tema de los Fundamentos éticos del periodismo, entendiendo por periodismo la ciencia, la técnica y el arte del buen pensar, decir, escribir y difundir de noticias, comentarios y críticas al servicio del bien común. Y por periodista entendemos  el profesional de la información y la comunicación,  premunido de principios y valores éticos, profesional que domina métodos, técnicas y procedimientos apropiados para la búsqueda, verificación, selección, valoración, edición y difusión de mensajes a través de un medio de comunicación social; el periodista es el intermediario entre los hechos noticiosos (que ocurren en la realidad) y los ciudadanos; el periodista es el vigía de la sociedad por el bien del ciudadano. Por eso se dice que el periodismo es la “profesión de la intermediación”, o lo que Abraham Moles llamaba un “vaso comunicante” entre los hechos informativos y el público.

Concordamos con las expresiones de Adolph S. Ochs, ex director del Times de Nueva York, cuando manifiesta que “El periodismo es una profesión que no se ve influida por amistades y no teme a enemigo alguno; que no busca favores, ni acepta gratificaciones; una profesión en que la pasión, los prejuicios y el fanatismo son fatales para sus más altas aspiraciones; una profesión que está consagrada al bien público y a poner al descubierto el fraude, las fechorías o la incompetencia en la conducción de los asuntos públicos; una profesión cuya práctica no puede estar influida por un espíritu estrecho y partidista, sino que debe ser justa y equitativa frente a quienes sostienen opiniones contrarias; una profesión cuyo lema es: ¡Hágase la luz!”.

Vale la pena enfatizar que la moral es la salvaguarda de los valores de la persona en general y del periodista, en particular. El filósofo Manuel Kant reivindicó la autonomía moral del hombre contra las morales heterónomas. Autonomía moral significa que es el hombre, que es el periodista, los que deben darse sus propias normas de comportamiento ético en una sociedad democrática, como responsables del desarrollo de sus proyectos de vida.

Dentro de esta autonomía moral se trata de lograr un consenso sobre normas morales mínimas que aseguren  la convivencia armónica social sobre la base de principios y valores éticos, nacidos de la conciencia de la responsabilidad social o cívica compartidas. Se trata de construir una moral civil infranqueable.

El hombre es el único ser del universo que es fin y no medio, que tiene inteligencia ética, dignidad y no precio, que tiene conciencia de sí, autonomía y responsabilidad, libertad de conciencia y libertad de expresión y es capaz de emitir juicios de valor que permitan superar problemas, dilemas, déficit y deudas éticas en procura de un mundo mejor.

Ante un mundo complejo y de cambios veloces se plantea la necesidad de una nueva ética. Al respecto, Isidoro Arroyo Almaraz[2], señala lo siguiente: “Hoy en día los medios de comunicación reclaman una nueva ética, porque la vieja moral no dice nada de ellos, sobre todo cuando surgen conflictos entre el derecho a la información y el derecho a la intimidad; entre el obligado servicio público que deben dar y el servicio público en que se convierten; entre la libertad de expresión que deben tener los informadores y la dependencia de éstos respecto de los propietarios de los medios; entre la necesaria protección a los menores frente a los contenidos perjudiciales que emiten y la también necesaria libertad de los programadores para conseguir programas aceptados por la audiencia; entre la demanda de autorregulación por parte de la profesión y la demanda de heterorregulación por parte de los usuarios”.

El monopolio, el duopolio y el oligopolio de los medios de comunicación en el ámbito mundial vienen afectando el derecho de las poblaciones de contar con información veraz, responsable, honesta y transparente. El Consejo de Ministros de Europa en 1991 advirtió que la concentración de la propiedad de los medios «podría ser perjudicial para la libertad de información y el pluralismo de opiniones, así como para la diversidad de las culturas».

El periodismo, los multimedios de comunicación y los periodistas están llamados a restablecer su credibilidad, a recuperar su compromiso con el pueblo que la industria periodística erróneamente la perdió.

No más sensacionalismo, no más medias verdades, no más persecución a las víctimas de un delito, no más entrevistas de emboscada, no más manipulación de las informaciones y declaraciones, no más considerar a la noticia como una mercancía.

Basta de seguir considerando a las empresas periodísticas como simples empresas mercantiles, olvidándose de su rol social y de su gran responsabilidad que tiene que modelar, forjar y orientar la opinión pública en función no a los grandes intereses de los grupos de poder económico y político, sino en aras del bien común. Abajo los prejuicios irracionales, los conflictos de intereses.

La sociedad peruana demanda la presencia de un periodismo ético, periodismo inclusivo y periodismo respetuoso de los derechos humanos, periodismo que garantice veracidad, imparcialidad y fidelidad con los hechos que difunden. Basta ya de sensacionalismo.  Preocupa a la población la práctica del denominado “periodismo de chequera”[3], periodismo “rosa”, periodismo “amarillo”, periodismo “chicha”, periodismo de “indignación”, periodismo show y periodismo de la guerra de los medios por el rating, pues antes de la búsqueda de la verdad les interesa más que sea bien recibido su pescado podrido[4].

Interesa y preocupa a la población peruana: el trucaje de fotografías a través de los ordenadores, la ciberpornografía infantil, el acoso sexual por correo electrónico, la desaparición del sentimiento de vergüenza por los malos actos cometidos, la práctica de la crueldad a los animales y que el vacío existencial de las personas se convierta en una cortina de humo que impide ver el fondo de las cosas o los hechos del cotidiano vivir.

El ex rector de la Universidad Nacional de Nicaragua, doctor Carlos Tunnermann Bernheim, en alguna oportunidad expresó con fundadas razones lo siguiente: “El trasfondo de toda la formación del periodista, sin la cual de nada sirven ciencia, técnica y destreza, es una base ética. En manos del periodista la sociedad deposita un gran poder. De su formación ética depende que lo use para bien o para mal…De la formación deontológica del periodista dependerá que haga de su profesión un notable magisterio o un simple negocio, capaz de traficar con el honor de las personas, los intereses del pueblo y la salud de la República”.

No cabe duda que en la actual economía de mercado-fundada en la creatividad y la competitividad-, la ética del diseño, la bioética, la ética ecológica, la tecnoética, la ética de la membresía, la ética de la creatividad, la ética de la investigación, la ética compartida, la ética de los negocios y la ética multimediática ocupan un espacio singular y un lugar central.

En un periodismo ético no caben los caníbales, aquellos que haciendo mal uso de la profesión fogocitan a sus públicos, lo invaden y lo  neutralizan saturándolos de información sesgada, confusa, falsa y descontextualizada y le imponen sus propias opiniones.  En la práctica de un periodismo ético no caben sofistas, chantajistas, coimeros, turiferarios, sicofantes, bulolistas, traficantes de influencias, entre otros. Aquí no caben los que hacen mal uso y abuso de la profesión o de los medios o que pregonan eslóganes, como este: El fin justifica los medios.

La sociedad peruana urge de más periodistas éticos que desarrollen una prensa libre como medio informativo, formativo, educador, fiscalizador, de entretenimiento y de control del poder económico y político, periodistas éticos que sean capaces de defender el derecho de expresarse libremente, con responsabilidad y respeto a la vida privada de las personas, en una sociedad abierta. Periodistas éticos que tengan la integridad suficiente para decir la última palabra sobre las noticias y los comentarios que son adecuados para el bien común.

Podemos concluir manifestando que el periodismo ético se funda en lo siguiente:
No a la manipulación de la verdad, de las informaciones y de conciencias a través de los medios.
No a la difusión de verdades parciales, de mentiras estadísticas y mentiras fotográficas.
No a las entrevistas de emboscada[5].
No a la revelación de los secretos de Estado o de secretos de la empresa en la que el periodista labora.
No a la difusión de informaciones sesgadas[6].
No a la omisión de informaciones de interés colectivo.
No a la publicación de ataques personales en los textos informativos y en las inserciones pagadas. No a la difusión de aclaraciones redactadas con lenguaje soez, o expresiones vulgares o repulsivas que denigren a personas o instituciones.
No a la difusión de propaganda subversiva, propaganda de guerra o de expresiones que atenten contra las buenas costumbres de la sociedad.
No a la incoherencia, no a la complicidad como hábitos de complacencia.
No a la comisión de delitos de espionaje, delito de traición a la patria, delito de apología del narcoterrorismo, delito de pánico financiero.
No al uso de los medios para fomentar y reforzar sistemas económicos y políticos que sirven a las grandes empresas e intereses transnacionales o de grupos de poder.
No al caber-racismo u odio cibernético ni a la incitación al odio de razas y  a las bajas pasiones.
No a los montajes, retoques o pies de foto que desnaturalizan el contenido informativo gráfico.
No firmar ningún texto sin previamente leerlo.
No al plagio, no al volteo de la información y no a las falsas denuncias.
No desarrollar campañas psicosociales para distraer la atención de la población de sus reales intereses y problemas.
No difundir informaciones secretas que afecten el bien común, la seguridad nacional, el orden público y la paz social.
No escribir sobre acciones o valores en los que tenga un interés financiero personal o un interés de sus familiares.
No influir en las decisiones y sentencias de los magistrados sobre determinados casos judiciales, con relatos tendenciosos.
No utilizar en provecho propio o de terceros informaciones privilegiadas obtenidas en forma confidencial.
No utilizar métodos ilícitos y antiéticos para obtener informaciones, declaraciones, fotografías o documentos.

Sí a la libertad de expresión, opinión, información y difusión del pensamiento pero con responsabilidad y en aras del bien común.
Sí a la práctica de la ética de la alteridad, en defensa de “los otros”, que son los pobres, los oprimidos, los que menos tienen, los marginados y excluidos socialmente.
Sí al desarrollo de un proyecto de moral civil, que permita alcanzar el consenso entre los miembros de la sociedad en torno a normas morales mínimas e imprescindibles para un vivir en armonía social, con libertad de conciencia, con respeto a los derechos humanos y a la vida privada de las personas y con principios morales compartidos.
Sí al uso del lenguaje sin ambigüedades, lenguaje claro y comprensible en la redacción de los textos y mensajes. El periodista ético escribe siempre con las neuronas y nunca con las hormonas o el hígado.
Sí a la renuncia a toda prebenda que tenga por precio una partícula de su integridad profesional.
Sí a la rectificación de los errores cometidos o de inexactitudes, tanto a nivel de exposición de un hecho como de opinión o de crítica.
Sí a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio del periodismo.
Sí al respeto a la propiedad intelectual y propiedad privada, al Estado de derecho y la institucionalidad democrática.
Sí a la autorregulación del comportamiento profesional de los periodistas y de los medios, para no excederse en el desempeño de sus funciones.
Sí a la aplicación de códigos de ética en los medios de comunicación, para regular el comportamiento ético de sus trabajadores y periodistas.







[1] Reflexiones sobre los fundamentos éticos del periodismo es la conferencia desarrollada por el doctor Eudoro Terrones Negrete, como parte del Seminario La ética en el periodismo, realizada el 10 de noviembre de 2012 en el auditorio de la Universidad Jaime Bausate y Meza, en homenaje al IV aniversario de la promulgación de la Ley N° 29278 que otorga la denominación a la Escuela de Periodismo la denominación de Universidad Jaime Bausate y Meza.
[2] Arroyo Almaraz, Isidoro, Ética de la imagen, Madrid, 2000.
[3] Periodismo de chequera: cobro de suma de dinero por derecho de entrevista o de reportaje, por recibir u omitir una primicia que puede ser verdadera o falsa, etc.
[4] Pescado podrido: información muy atractiva, con apariencia de verdadera, pero falsa o destinada a apartar la atención del público de lo esencial (Oscar Gómez Castañón).
[5] Entrevista de emboscada: bombardeo de preguntas sorpresivas y comprometedoras, que conlleven a respuestas riesgosas.
[6] Información  sesgada: información que hace hincapié o énfasis solamente en un aspecto y con la intencionalidad de fomentar la imagen positiva o negativa de algún personaje.