lunes, 17 de junio de 2019

LA UNIVERSIDAD EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO


LA UNIVERSIDAD EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

La universidad es el laboratorio vivencial y científico de la sociedad, es el espacio académico superior en el que se analiza y cuestiona los antiguos y nuevos problemas de las diferentes disciplinas del saber humano y de la sociedad, a la vez que se plantea la solución a dichos problemas.

La sociedad del conocimiento se caracteriza por desarrollarse en ambientes y escenarios altamente dinámicos, interactivos, competitivos y cambiantes, con estudiantes y profesionales que se encuentran en permanente búsqueda del saber, de la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología, a fin de dominar métodos, técnicas, procedimientos, herramientas e instrumentos que les permitan enfrentar los retos y desafíos e interpretar y transformar la realidad natural y social.

En la sociedad del conocimiento la función principal de la universidad es la investigación científica. A través de ella se logra producir y crear nuevos conocimientos, a la vez que analizar y resolver los problemas del hombre y de las sociedades, formular estrategias básicas para la edificación de una sociedad equitativa, inclusiva, participativa, justa, digna, responsable y solidaria.

En una época como la nuestra, más impregnada de realizaciones científico-técnicas, es necesario que el “soberano” recobre conciencia de la importancia y la trascendencia de la actividad científica. Los nuevos tiempos, de permanentes cambios, exigen la presencia activa de profesionales creadores e innovadores, que incorporen a su saber la cultura humanística, ética, científica y tecnológica para contribuir con la solución efectiva de los problemas del hombre y de las sociedades.

Los profesionales de la sociedad del conocimiento deben intervenir en el proceso de humanización de la ciencia[1], de democratización de la ciencia, de sensibilización de la sociedad sobre los nuevos fenómenos de la época y en la creación de la conciencia pública sobre el valor de la ciencia en el Siglo XXI.

Y en esta lucha titánica por un mundo mejor el periodista científico también tiene su lugar. “El periodista científico debe ser y deberá seguirlo siendo con mucha más fuerza en el futuro, un seleccionador informado, un generalista sistematizador, un comentarista crítico, un orientador objetivo, un intermediador ágil y claro entre científicos y público, un informante confiable y en buena forma un pedagogo que pueda usar su gran sala de clases sin murallas que es el diario, la radio o la televisión para enseñar a preguntar, más que enseñar a responder” señala Sergio Prenafeta Jenkin en su artículo “Periodismo científico, periodismo del futuro”.[2]

Y ante el espacio marginal e insignificante que ocupa la ciencia en los medios de comunicación social, éstos están llamados a realizar un esfuerzo notable de divulgación científica y tecnológica[3], con el fin de  despertar vocaciones científicas, despertar el interés y lograr que el hombre del pueblo, el público tenga conocimiento de los resultados de la investigación científica que se realizan en los ámbitos académicos y a nivel de la comunidad científica nacional y mundial. Este solo hecho sería determinante para que las universidades públicas y privadas, los medios políticos y económicos de los países pasen de la política científica de escritorio y puramente declamatoria a la política científica participativa, efectiva y resolutiva de problemas. Al respecto, el entonces Vicepresidente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología del Ecuador (1986), Luis Romo Saltos afirmó: “Si no existe difusión, se produce un divorcio entre los científicos y sus pueblos, pues estos pueblos no pueden dar una interpretación justa del valor de la ciencia”.

El artículo 1, del artículo 27 de la Declaración de Derechos del Hombre, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, dice así: “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”.

Cabe advertir, sin embargo, que en los países no desarrollados según expresiones de Jairo Laverde ,“el sistema educativo es deficiente en la enseñanza de las ciencias desde preescolar hasta la universidad, no está sustentada sobre el método científico, no estructura el pensamiento analítico y crítico sino que fomenta la memoria y la repetición, no desarrolla el pensamiento formal y no se basa en las culturas autóctonas. Con este enfoque educativo no se forma el pensamiento racional del hombre de la calle y, menos aún, se puede formar al científico”.

Según la Conferencia Mundial de Educación Superior celebrada en 1998, el crecimiento, el desarrollo y el progreso de las sociedades y de la humanidad están determinados por el avance del conocimiento, de la ciencia y de la tecnología. En esta misma conferencia mundial se afirmó categóricamente que “promover, generar y difundir el conocimiento por medio la investigación debe ser parte de los servicios que la universidad ha de prestar a la comunidad, para proporcionar las competencias adecuadas para contribuir al desarrollo cultural, social y económico de las sociedades, fomentando y desarrollando la investigación científica y tecnológica, a la par que la investigación en el campo de las ciencias sociales, las humanidades y las artes creativas”.

Se ha dicho en múltiples círculos académicos por diversos autores, entre ellos Jairo Laverde, que la investigación científica es una condición necesaria para el desarrollo, pero no es suficiente para alcanzar el definitivo e integral desarrollo humano. Como también se afirma que la ciencia y la tecnología no generan el desarrollo, pero sin ciencia y tecnología no hay desarrollo.

Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda[4] precisan que “Los educadores, encargados de vigilar y orientar el desarrollo de la mente y el espíritu del hombre, han recomendado desde los días de Sócrates y Platón, la necesidad de cultivar desde la tierna infancia el ejercicio racional mediante el estudio sistemático y reflexivo. Uno de los programas pedagógicos más sólidos y efectivos ­–probado a través de varias centurias-, la Ratio Studiorum, dispone que a los estudiantes se les debe enseñar a trabajar científicamente y a proponer por escrito, también en forma científica, el fruto de sus trabajos. Una de sus normas recomienda: “se debe procurar iniciar a los estudiantes en el método del trabajo científico o en la metodología de una manera conveniente. Enséñeseles, por lo tanto, a manejar los libros, los comentarios, las revistas, las enciclopedias; a interpretar las diversas notas de las ediciones críticas; aprendan las normas aprobadas para las citas de los autores; la manera de sacar notas y de ordenar los apuntes; enséñeseles la manera de proceder para dar el juicio de un libro o de un escrito; y finalmente a practicar todo aquello que se necesita para emprender un trabajo científico”.

Esta sagrada misión de la universidad, sólo puede cumplirse en la medida que logre formar profesionales excelentes y comprometidos con el  crecimiento, el desarrollo y progreso de la sociedad.

Y para que las sociedades puedan contar con excelentes profesionales universitarios, se requiere contar con excelentes estudiantes y excelentes maestros universitarios, dentro de una comunidad educativa universitaria con actitud y mentalidad favorable al gran cambio integral.


[1] El proceso de humanización de la ciencia consiste en hacer que el hombre común participe como usuario en el proceso de la ciencia y la tecnología (Da Costa Bueno) y difundir la idea de que la ciencia es el del hombre y para el hombre, que la ciencia debe estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la ciencia.
[2] Convenio Andrés Bello / Secretaría Ejecutiva SECAB- Fundación Konrad Adenauer KAS. El periodista científico toca la puerta del Siglo XXI. Ciencia y Tecnología N| 9, Editorial Gente Nueva, Bogotá, Colombia, 1988, p.241.
[3] “El periodismo científico consiste en divulgar la ciencia y la tecnología a través de los medios informativos. Es una especialidad reciente del periodismo: Nace más o menos en los años veinte, cuando empieza la gran explosión científica y al mismo tiempo, surgen los grandes diarios informativos. Tiene la importancia de acercar el saber y los conocimientos de la minoría hasta la mayoría” (Manuel Calvo Hernando).
[4] De la Torre Villar, Ernesto y Ramiro Navarro de Anda. Metodología de la investigación bibliográfica, archivística y documental. McGraw-Hill, México, 1992, p.XIII.