jueves, 2 de mayo de 2019

LA PSICOLOGÍA DEL PENSAMIENTO



 LA PSICOLOGÍA DEL PENSAMIENTO

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

“Los dos mayores misterios de la naturaleza son la mente y el universo. Gracias a nuestra avanzada tecnología, hemos sido capaces de obtener imágenes de galaxias situadas a miles de millones de años luz, manipular los genes que controlan la vida e introducirnos en el sanctasanctórum del átomo; sin embargo la mente y el universo siguen siendo tan esquivos como seductores. Son las fronteras más misteriosas y fascinantes de la ciencia”.[1]

No le falta razón al maestro universitario César Ángeles Caballero[2] cuando afirma categóricamente: “Somos fundamentalmente subdesarrollados, porque simple y elementalmente no sabemos pensar correctamente, y, en consecuencia nuestros pensamientos carecen de originalidad, de congruencia, de funcionabilidad, y lo peor, de credibilidad”.

Y ante esta lamentable realidad nacional, el autor en referencia puntualiza: “La escuela, el colegio y la Universidad no ofrecen la oportunidad elemental de aprender a pensar; somos simple y llanamente dependientes de otros pensamientos; de aquellos que provienen de diversas latitudes; por ello no podemos resolver nuestros problemas más elementales y gravitantes, ni usar el sentido común, como la mejor vía de acrisolar nuestras actitudes decisivas. Urge, en consecuencia, que de inmediato nuestros profesores de todos los niveles enseñen metódica y sistemáticamente a pensar, a fin de que reordenemos el perfil mismo de la personalidad en función de las necesidades más trascendentales del país. En especial, corresponde a la Universidad esta tarea gigante.” E inclusive, como parte de la solución, Ángeles Caballero propone que se implante en el currículo de las universidades, cátedras de “Tecnología del Pensamiento” “a través de la cual se norme y precise toda la fascinante estructura, desarrollo y evolución del pensar y del pensamiento, como la más efectiva tarea de convivencia y de comunicación vital”.

El Gran Amauta peruano, Antenor Orrego, decía: “…Desde sus primeros pasos el hombre comienza a cavilar porque sabe, también, que frente a él están acechándolo la destrucción y la muerte, es decir, la negación de su ser, la nada. Inicia su existencia con un terror metafísico que le acompañara durante la órbita de su recorrido vital. Dentro de su existencia se instala, desde el comienzo, un insoslayable imperativo: el de luchar con todas sus fuerzas contra la muerte, no sólo física sino espiritual, vale decir, contra la nada. Esta lucha se le plantea como un problema radical que no dejará de plantearse sino hasta el término de su existencia. Sabe que la vida es esencial y eminentemente problemática porque depende, en gran manera, de la circunstancia que le ha tocado vivir. Su cavilación ante el posible aniquilamiento de sí mismo lo lleva a discernir sobre cuáles son los medios más eficaces para vencerlo. El hombre piensa porque tiene que vivir antes que todo. La raíz del pensamiento humano no es un alarde de lujo vital, como se ha creído, porque en esa raíz conviven, en una simbiosis trascendental, el ansia de existir, la necesaria temporalidad de la existencia y el terror de la muerte. El ser, el tiempo y la nada, ingredientes nucleares del pensar metafísico, se plantean al hombre desde el primer día en que se alumbra la conciencia de su vida, casi desde que nace”.[3]

No hay ser humano normal que no piense y que no actúe, aun cuando hay unos hombres que actúan sin pensar y otros que piensan sin obrar. El pensamiento es consubstancial a toda naturaleza humana y se desarrolla a través de toda su existencia, al tomar conciencia de que vive conformado de materia y espíritu construyendo su destino, con menor o mayor intensidad, amplitud o complejidad. “Vivir, dice Guyau, es evolucionar hacia el pensamiento”.

Todos pensamos en función de determinados intereses, objetivos, fines y metas. Pero parte del pensamiento del ser humano está contaminado, distorsionado y por tanto conduce a mal puerto. Todo lo que dice, hace y produce el ser humano depende de sus pensamientos. Y una mejor comprensión de la naturaleza intelectual del ser humano, del pensamiento en sus diversas clases y en su poder, le inducirá a cultivar, en su Yo consciente, sentiente y existente, lo que es lo bueno, lo positivo y lo constructivo y a extirpar y abandonar lo que hay de malo, negativo y destructivo.

Pensamientos de calidad producen opiniones y acciones de calidad. Pero resulta que no todos los seres humanos tienen pensamientos de calidad. El pensamiento de calidad tiene un alto costo, es producto de la dedicación al estudio y requiere de mucha voluntad de las personas para su acumulación, formación y uso óptimo. El hombre para vivir bien tiene que pensar bien, toda vez que la vida es un permanente conflicto, problema y dilema, que para ser resueltos requieren de pensamientos adecuados, coherentes y de calidad.

“El pensamiento es la única cosa del Universo cuya existencia no se puede negar, porque negar es pensar. Las cosas en que pienso podrán no existir en el Universo, pero que las pienso es indubitable”, enfatiza el filósofo español José Ortega y Gasset (1966:155).

Pero es importante en nuestras vidas de relación interpersonales saber tomar decisiones oportunas, eficaces y trascendentes para elegir qué pensamientos recibir, aceptar o rechazar en función a nuestros intereses individuales y colectivos. Concordamos con las expresiones de Annie Besant[4] cuando asevera: “No podemos impedir que los pensamientos de otros toquen nuestras mentes; sólo podemos elegir cuáles debemos recibir y cuáles rechazar. Tenemos que afectar y ser afectados; pero podemos afectar a otros en su beneficio o en su daño, podemos ser afectados por lo bueno o por lo malo. En esto consiste nuestra elección, elección de trascendencia para nosotros y para el mundo. Escoged bien; pues vuestra elección es breve y, sin embargo, perdurable”.

Teoría es un término que proviene del griego  y significa “acción de contemplación racional”, “espectar”, “observar”, “ver” (con los ojos del espíritu y no con los ojos físicos), “visión inteligible”. Por teoría se entiende el conjunto de conocimientos especulativos (ideas, conjeturas, pensamientos), independiente de toda aplicación, que utiliza el ser humano o el investigador para explicar determinados hechos, procesos, fenómenos y problemas que forman parte de un aspecto de la realidad natural y social, y en el caso que nos ocupa, el pensamiento.

La teoría del pensamiento es un conjunto de ideas y pensamientos acumulados a través del tiempo y el desarrollo de la humanidad, desde la aparición del hombre sobre la faz de la tierra hasta nuestros días. En la presente obra se examina el significado, el origen, las funciones, la importancia, los elementos, el proceso, la clasificación y la utilidad del pensamiento, con el fin de lograr la comprensión y transformación de la realidad natural y social y la solución de problemas de diversa naturaleza, en un mundo globalizado cada vez más complejo y cambiante.

No está demás decir que la teoría del pensamiento es estudiada por diversas ciencias, tales como la lógica, la psicología, la dialéctica, la lingüística, entre otras. “La dialéctica no es más que la ciencia de las leyes generales del movimiento y evolución de la sociedad humana y del pensamiento” decía Engels. La lógica es la teoría filosófica del pensamiento correcto. La psicología es el estudio científico de los procesos mentales y del comportamiento de las personas y de los animales. La lingüística es la ciencia del lenguaje, y el lenguaje es el medio o instrumento que usa el hombre para expresar y comunicar sus ideas y pensamientos.

La teoría del conocimiento, denominada también Gnoseología, estudia el origen, las posibilidades, los límites, las condiciones, los factores, los medios y las características del pensamiento verdadero. El conocimiento de la realidad objetiva se efectúa a través de las sensaciones, las percepciones y el pensamiento.

“Los dos mayores misterios de la naturaleza son la mente y el universo. Gracias a nuestra avanzada tecnología, hemos sido capaces de obtener imágenes de galaxias situadas a miles de millones de años luz, manipular los genes que controlan la vida e introducirnos en el sanctasanctórum del átomo; sin embargo la mente y el universo siguen siendo tan esquivos como seductores. Son las fronteras más misteriosas y fascinantes de la ciencia”.[5]

Dado a la importancia y trascendencia que tiene en la vida de todo ser humano, el estudio del pensamiento constituye todo un capítulo en la mayoría de las obras de Psicología de educación secundaria y en no pocas de educación superior, de los diversos países del mundo.

En el presente siglo de las nuevas tecnologías revolucionarias de la información y la comunicación, el conocimiento y el saber adquieren un poder inusitado y extraordinario como producto del trabajo intelectual competitivo que realizan las personas, los académicos, los profesionales y los investigadores en las distintas disciplinas. En esta nueva sociedad del conocimiento, cada vez más compleja y competitiva,  cuanto más saben hacer las cosas bien las personas valen más.

Esta doble necesidad de adquirir nuevos saberes y construir nuevos conocimientos, implican buscar nuevas oportunidades, realizar metódicos  esfuerzos mentales y académicos,  sacrificios económicos, utilizar al máximo el tiempo disponible y vencer todo tipo de dificultades o limitaciones.


[1] Kaku, Michio. El futuro de nuestra mente. El reto científico para entender, mejorar y fortalecer nuestra mente. Traducción de Juan Manuel Ibeas y Marcos Pérez Sánchez Penguin Random House Grupo Editorial, S.A., Barcelona, primera edición, marzo de 2014, página 19.
[2] Ángeles Caballero, César A. Tecnología del Pensar. Talleres Gráficos de Editorial “San Marcos”, Lima, julio de 1986, pp.5 y 6.
[3] Orrego Espinoza, Antenor. Hacia un Humanismo Americano. Librería-Editorial Juan Mejía Baca, Lima, 1966, p. 185.
[4] Besant, Annie.El Poder del Pensamiento, su dominio y cultura, Editorial KIER S.A., Décima segunda edición, Buenos Aires, 1980, p.123.
[5] Kaku, Michio. El futuro de nuestra mente. El reto científico para entender, mejorar y fortalecer nuestra mente. Traducción de Juan Manuel Ibeas y Marcos Pérez Sánchez Penguin Random House Grupo Editorial, S.A., Barcelona, primera edición, marzo de 2014, página 19.