Artículos periodísticos y de investigación

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2 de agosto de 2021

Ética de la liberación


ÉTICA DE LA LIBERACIÓN

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

La ética de la liberación es propia de los países que sufrieron la dominación y la dependencia, aunque esta ética es válida para todo lugar y situación donde haya opresión del hombre por el hombre y opresión del hombre por el Estado.

Para el filósofo Leopoldo Zea, la dependencia se ha producido cuando nuestros pueblos pretendieron imitar modelos de sociedad (llámense liberalismo, positivismo, socialismo, etc.) sin asimilar, sin reconocer plenamente su pasado histórico, cayéndose así a nuevas dependencias.

“El aceptar un modelo, dice Zea, es ya aceptar una subordinación. Lo que se debe es reconocer la libertad en los otros y hacer que esta libertad sea reconocida por los otros. Ningún hombre, ningún pueblo puede ser modelo de libertad de los otros, por distintos o semejantes que parezcan. Son los modelos los que crean los paternalismos, las dictaduras para la libertad y en nombre de la libertad. Una libertad que se niega a si misma al no reconocer en otro hombre su posibilidad”.

 Ética que vale y se extiende para todo lugar y situación donde hay miseria, explotación, desigualdad e injusticia social. Según esta ética “Ningún hombre, ningún pueblo puede ser modelo de libertad de los otros, por distintos o semejantes que éstos parezcan. Son los modelos los que crean los paternalismos, las dictaduras para la libertad y en nombre de la libertad. Una libertad que se niega a sí misma al no reconocer en otro hombre su posibilidad” señala el filósofo mexicano Leopoldo Zea (1912-2004).

Abordar el tema de la Ética de la Liberación en América Latina implica ubicarse en el espacio y tiempo histórico de los países de esta parte del planeta que sufren dominación, dependencia, exclusión e injusticias sociales por grupos de poder económico y político que haciendo uso de su dinero y de sus influencias explotan irracionalmente los recursos naturales de los países, oprimen y explotan a la inmensa mayoría de ciudadanos para satisfacer sus grandes e inconfesables intereses que son contrarios al bien común.

Este tipo de ética surgida en el Siglo XXI se orienta a revertir el orden de corrupción, abuso, marginación e injusticia y a modificar el comportamiento de los individuos con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas, lograr su desarrollo integral y alcanzar niveles de perfección humana.

Somos conscientes que revertir el orden de injusticia en los países de América Latina no es tarea fácil. Conlleva asumir un compromiso con el cambio  social, político, económico, educativo, cultural, ecológico y profundamente ético. Implica una inmensa responsabilidad histórica de los gobiernos  y el logro de la participación de los poderes del Estado, de la sociedad civil, de los medios de comunicación y las poblaciones tradicionalmente marginadas del poder político para la edificación de su propio destino.

La ética de la liberación en América Latina tiende a identificar los sectores sociales marginados, pauperizados y engañados por quienes ostentan y controlan el poder; propende a  plantear alternativas teniendo como centro de atención, reflexión y praxis al hombre en su dimensión integral que sufre miseria, opresión, injusticia y negación de sus plenos derechos.

Distinguidos luchadores sociales, estadistas, políticos, intelectuales, escritores, teólogos, periodistas y maestros universitarios contribuyeron a crear toda una filosofía moral de la liberación en los países de América Latina.  Aquí cabe mencionar, especialmente a Juan Pablo II, José Gaos, Paulo Freire, Leopoldo Zea, Enrique Dussel, Samuel Ramos, Arturo Andrés Roig, Fals Borda, Víctor Raúl Haya de la Torre, Antenor Orrego,  José Carlos Mariátegui, Francisco Miró Quesada Cantuarias, Augusto Salazar Bondy,  Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Ignacio Ellacuría, entre otros.

El filósofo argentino, Enrique Dussel, es uno de los fundadores del movimiento de la Filosofía de la Liberación. Para este filósofo la ética de la liberación es un “saber científico-dialéctico que da prioridad temática a la praxis de liberación del oprimido: histórico-social como clase, geopolíticamente como nación, sexualmente como oprimido por la ideología y prácticas machistas, pedagógicamente alienado y todo encerrado en un fetichismo idolátrico”.

Dussel sostiene que el bien moral consiste en la práctica de la justicia, que es reconocimiento del derecho del oprimido, del explotado: “el otro”. “El bien ético es el sí-al-Otro y, por lo tanto, es justicia; es cumplir la justicia y respetar al Otro como otro, dejarlo ser; es permitir que sea en plenitud lo que realmente es”.

El hombre, entre todos los seres vivos, es el único ser ético, porque la ética es intrínseca a toda naturaleza humana.  El hombre, a lo largo de su agitada y compleja existencia,  desarrolla valores y antivalores, toma conciencia que para lograr mejores decisiones y  mayores grados y niveles de bienestar requiere de la práctica de valores positivos, necesita de reflexiones autocríticas y mutuocríticas sobre sus pensamientos, sentimientos, aspiraciones y actos públicos en su vida de relación interpersonal.

 El fundamento del buen vivir de la persona humana es la axiología, la ética y la deontología, las mismas que le indica el camino correcto a seguir, le advierte los peligros y le dice lo que debe hacer y no deber hacer, lo que debe evitar para enrumbar su existencia por mejores horizontes y para liberar al Otro -su semejante- escuchando los latidos de su ser en aras del  bien común.

Enrique Dussel, filósofo argentino-mexicano y creador de la ética de la liberación,  propone una Ética de la Liberación, fundamentado en el humanismo del Otro, en el tener conciencia ética para ayudar a liberar al Otro, escuchando su voz y denunciando las injusticias en la que vive, y guiando su liberación mediante la praxis. Una muestra de la nutrida producción intelectual de Dussel, sobre el tema que nos ocupa, son sus libros: Caminos de Liberación Latinoamericana, Para una Ética de la Liberación, Filosofía Ética Latinoamericana, América Latina: Dependencia y Liberación, Antología de Ensayos Antropológicos y Teológicos desde la proposición de un pensar latinoamericano, Método para una Filosofía de la Liberación: superación analítica de la dialéctica hegeliana, Filosofía de la Liberación, La filosofía de la liberación ante el debate de la postmodernidad y los estudios latinoamericanos, Ética de la liberación en la edad de la globalización y la exclusión, De la liberación en la edad de la globalización y la exclusión, Hacia una filosofía política crítica y 20 tesis de política.

Como ilustración de las líneas temáticas que deben seguirse en la actualidad en el ámbito de su Filosofía de la Liberación, Enrique Dussel señala como algunos de los retos urgentes: 1º. La recuperación del pensamiento marxista para la realidad pobre latinoamericana; 2º. Una incorporación de la ética de la liberación, desde su propia posición, a los problemas planteados por la ética de la comunicación: las normas son válidas en la medida en que son aceptadas, y en la medida en que es aplicable. Y es aplicable en la medida en que nos permite vivir. 3º. Un pensar ontológicamente desde el ser del capital, la realidad atormentada del trabajador asalariado latinoamericano por medio del concepto de "trabajo vivo" y la "cuestión de la dependencia"; 4º. Una profundización de la "cuestión popular" con la categoría "pueblo" que nos permite explicar la continuidad de los grupos humanos más desfavorecidos – formación social histórica- a través de la ruptura de los procesos revolucionarios de los sucesivos procesos de producción; 5º. El tratamiento de la "cuestión cultural" para proteger a los países subdesarrollados de la hegemonía ejercida por los países desarrollados por medio de la cultura de la sociedad de consumo; 6º. La defensa de un espacio de libertad política por medio de la democracia frente a las dictaduras; 7º. La reivindicación de la liberación de la mujer y la autoafirmación de la juventud; 8º. La reivindicación de la dignidad de los pueblos indígenas, con una visión crítica de la historia.

Esta praxis, no es sino el actuar intramundano, pero éste actuar puede ser de dos maneras: una praxis de dominación, que la que ha venido ejerciendo el centro sobre la periferia, la totalidad sobre la alteridad, el estado sobre el ciudadano, etc.; y la praxis de liberación que se concretiza en la legalidad, en la justicia. Dussel: Fundamentación de la ética y la Filosofía de la liberación Ética de la Liberación puede emprender, desde el "re-conocimiento" del Otro, y desde el imperativo o norma ética básica ("¡Libera al Otro negado en su dignidad!"; sea el pobre, la mujer, la clase obrera, la nación periférica, la cultura popular dominada, la raza discriminada, las generaciones futuras, etc.), el proceso (procedimental discursivo) de la validación intersubjetiva del factum, p.e. de la miseria de los explotados o excluidos (teniendo en cuenta que hay "comunidad de comunicación hegemónica" o "dominante", y, por ello, la validez propiamente ética puede darse al comienzo sólo entre los mismos dominados o excluidos. La “conciencia ética” es entonces oír-la-voz-del-Otro; voz o palabra que exige justicia, que exige su derecho, ya que el Otro es "Santo", mejor: "el Santo", el sagrado por excelencia, y, por ello, quien oye su voz no puede sino lanzarse en el camino de la justicia. Como ilustración de las líneas temáticas que deben seguirse en la actualidad en el ámbito de su Filosofía de la Liberación, Enrique Dussel señala como algunos de los retos urgentes: 1º. La recuperación del pensamiento marxista para la realidad pobre latinoamericana; 2º. Una incorporación de la ética de la liberación, desde su propia posición, a los problemas planteados por la ética de la comunicación: las normas son válidas en la medida en que son aceptadas, y en la medida en que es aplicable. Y es aplicable en la medida en que nos permite vivir. 3º. Un pensar ontológicamente desde el ser del capital, la realidad atormentada del trabajador asalariado latinoamericano por medio del concepto de "trabajo vivo" y la "cuestión de la dependencia"; 4º. Una profundización de la "cuestión popular" con la categoría "pueblo" que nos permite explicar la continuidad de los grupos humanos más desfavorecidos – formación social histórica- a través de la ruptura de los procesos revolucionarios de los sucesivos procesos de producción; 5º. El tratamiento de la "cuestión cultural" para proteger a los países subdesarrollados de la hegemonía ejercida por los países desarrollados por medio de la cultura de la sociedad de consumo; 6º. La defensa de un espacio de libertad política por medio de la democracia frente a las dictaduras; 7º. La reivindicación de la liberación de la mujer y la autoafirmación de la juventud; 8º. La reivindicación de la dignidad de los pueblos indígenas, con una visión crítica de la historia.

Concluyo el artículo pero sin agotar el asunto, asumiendo el compromiso de profundizar la temática en mis próximos artículos.

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