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3 de agosto de 2021

LOS DE ABAJO Y LOS DE ARRIBA, EL RETO Y LA META DEL SIGLO XXI: CERO DE POBREZA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

LOS DE ABAJO Y LOS DE ARRIBA, EL RETO Y LA META DEL SIGLO XXI: POBREZA CERO EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE 

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete


LA LUCHA ENTRE LOS DE ABAJO Y LOS DE ARRIBA

De los más de 6 mil millones de personas del planeta, 3 mil millones son pobres, es decir el 50 por ciento, y que sobreviven con menos de 2 dólares al día. De este total de personas, apenas 500 millones de personas viven confortablemente, mientras 4 mil 500 millones de personas subsisten en la necesidad. Las mujeres representan el 70 por ciento de los 1,300 millones de personas que viven bajo niveles de pobreza en el mundo.

La relación entre ricos y pobres del mundo es de 1 a 30 en 1960; de 1 a 60 en 1991; de 1 a 74 en 1997. En los últimos 25 años se ha duplicado el número de pobres en el mundo.

En el mundo sólo 347 grupos dominan el 80 por ciento de la economía mundial. Y la globalización económica beneficia al 20 por ciento de la población mundial, que tienen en sus manos el control de la economía planetaria.

La quinta parte más rica de la población mundial posee el 80 por ciento de los recursos del mundo, mientras que la quinta parte más pobre apenas posee el 5 por ciento.

La fortuna sumada de las 358 personas más ricos del mundo -billonarios en dólares- es mayor que la renta anual del 45 por ciento de los más pobres del mundo, o sea de 2 mil 600 millones de personas.

En 1992, las 100 personas más ricas del mundo poseían en conjunto 450 mil millones de dólares. Cinco años después, los más afortunados del mundo eran 74 veces más ricos que los más pobres del mundo (Ramonet).

Las propiedades de las 3 personas más ricos del mundo sobrepasan la suma del producto interior bruto (PBI) de los países menos desarrollados; las 200 personas más ricos del mundo tienen más dinero que el 41 por ciento de los habitantes del planeta Tierra; una contribución anual de sólo 1 por ciento de las riquezas de las 200 personas más ricos podrían garantizar el acceso universal a la educación primaria del resto del mundo (entre 7 y 8 mil millones de dólares) (Forbes Magazine, 1998, citado en el Informe para el Desarrollo Humano de la ONU de 1999).

A pesar de los diagnósticos y pronósticos de tecnócratas y de políticos de derecha, de centro o de izquierda, unos optimistas, otros conservadores y pesimistas y los terceros por demás apocalípticos, los índices de pobreza están ahí, se reducen temporalmente y vuelven a crecer, situación ésta que, a través de toda la historia de los países de América Latina, ha originado una irreconciliable lucha entre los de abajo, que son los pobres -que poco o nada tienen y son los más- y los de arriba, que son los ricos – que todo lo tienen y viven en la abundancia y son los menos-. 

Y esto no es nada extraño. Más aún, ante la volubilidad de un electorado que cada cinco años inclina su voto por diferentes partidos políticos, por diversidad de “políticas gubernamentales”, que, a estilo de Penélope, tejen en el día y desteje, en la noche, sin alcanzar en definitiva la oportunidad de una vida mejor para todos los ciudadanos.


EL RETO Y LA META DEL SIGLO XXI: POBREZA CERO EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

La medición de la pobreza puede efectuarse en sus dimensiones de pobreza no monetaria (restricciones al acceso a servicios básicos), denominado método de «Necesidades Básicas Insatisfechas–NBI»; y pobreza monetaria, medida en términos de carencia de ingresos, llamado método de «Línea de Pobreza–LP». Asimismo se puede efectuar mediante el “Método Integrado” (MI) que es la fusión de NBI y LP e incluye indicadores de salud y educación (caso Índice de Desarrollo Humano–IDH); y la dotación de activos, la igualdad de oportunidades, la igualdad de  libertades, la institucionalidad democrática y el acceso al poder. 

En América Latina el 58 por ciento de los niños viven por debajo de la línea de pobreza; el 33 por ciento de  los menores de dos años están desnutridos y qué decir de los niños que viven en las calles, en desamparo total, sin padres ni Gobierno que los proteja. Así como están y van las cosas, no cabe duda que América Latina es la región más desigual de todo el planeta Tierra.

América Latina y el Caribe, ante un nuevo milenio que está en marcha, deberá enfrentar entre otros retos planetarios: el incremento alarmante de la corrupción y la pobreza, en un momento en que la automatización sustituye la mano de obra, en que los miembros de la tercera edad aumentan, y cuando apenas existen planes adecuados para canalizar el “ocio” en forma creadora y productiva.

Para los latinoamericanos,  el siglo XXI bien podría denominarse el siglo de la lucha sin cuartel contra la corrupción, la discriminación, el déficit fiscal, el populismo, y el siglo de la lucha popular y de los gobiernos por mayores exportaciones, mayores inversiones públicas y privadas,  gran impulso de la educación de calidad, del conocimiento científico e incorporación de la tecnología sofisticada.

Llegar a cero de pobreza en los países de América Latina es el gran reto y la meta de los gobernantes y gobernados durante el Siglo XXI. Si no se logra suscribir un pacto de lucha común contra toda injusticia social el problema seguirá en pie, más aún agudizándose. El cambio social tiene que empezar desde el interior de las naciones  y de cada individuo: para lograr el cambio de la sociedad, el hombre tiene que empezar por cambiar su forma de pensar, de sentir, de consumir, de producir, de trabajar, de alimentarse y de vivir. Este pacto implica desarrollar una política económica con puertas abiertas al capital extranjero y de impacto social, educación de calidad y una ejemplar conducta moral.

En la era de la competitividad entre los que más saben y pueden, poco o nada sirve al desarrollo el llenar de cemento a los pueblos, el pronunciar discursos contra el neoliberalismo el tomar decisiones gubernamentales ultranacionalistas y antidemocráticas, con definida vocación de espanta capitales, olvidando adrede que sin capital no hay inversión, sin inversión no hay trabajo, sin trabajo  no hay ni podrá haber la mínima satisfacción de las necesidades humanas.

Los ocho países más ricos del mundo son Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia, Canadá, Rusia y el Reino Unido.  En cambio los 18 países más pobres del mundo son 14 africanos y 4 en América.

Los 18 países más pobres y endeudados del mundo son Benín, Bolivia, Burkina Faso, Etiopía, Ghana, Guyana, Honduras, Madagascar, Malí, Mauritania, Mozambique, Nicaragua, Níger, Ruanda, Senegal, Tanzania, Uganda y Zambia.

Por ejemplo, "En 1960, el 20% más rico de la población mundial registraba ingresos 30 veces más elevados que los del 20% más pobre En 1990, el 20% más rico estaba recibiendo 60 veces más." Esta comparación se basa en la distribución entre los ingresos per cápita promedio de países ricos y pobres. (PNUD 1992, 1) La cifra más reciente pone la comparación entre esos "veinte por ciento" extremos en 82 veces para 1995. (PNUD 1998, 29)

Es un hecho inobjetable e innegable que los pobres son seres ubicuos, están como almas en pena en todas partes del mundo y el número, antes de disminuir,  está creciendo considerablemente debido a múltiples y variados factores como, por ejemplo, la insurgencia del fenómeno de la globalización, la incorporación de tecnología de punta en las grandes empresas e industrias y que lograr crear desocupación permanente, la recesión global, el imparable crecimiento demográfico, las políticas armamentistas de los países ricos y la mala administración económica de los gobiernos de turno.

En la Cumbre del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas, realizada en el mes de septiembre de 2000, los líderes del mundo se comprometieron a combatir la pobreza global.  Con este fin publicaron una declaración llamando a entrar en acción efectiva y combativa con asistencia financiera, para que la pobreza extrema fuera dramáticamente reducida para el año 2015. Tal reducción dramática no ocurrió hasta el día de hoy.

“Los países ricos  tienen más de $25 billones de ingresos anuales y cerca de $500 mil millones gastan cada año en sus cuerpos militares” refiere Jeffrey D. Sachs en su artículo “Los ricos deberían cumplir con su palabra” (http://www.project-syndicate.org/commentary/sachs59/Spanish).

En el informe 2000-2001 del Banco Mundial, se refiere por ejemplo que 2.800 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, viven con menos de dos dólares al día, cifra que en nuestra opinión la consideramos alarmante e inexplicable en la era de la sociedad globalizada y de una economía abierta.

EL GRAN EJEMPLO A SEGUIR

¿Por qué no seguir el ejemplo de países que, tras el aumento de la competitividad como herramienta fundamental para reducir la pobreza, vienen alcanzando su desarrollo dentro de una economía abierta? Más del 60 por ciento de la economía de China – nación de mil trescientos millones de habitantes- está en manos privadas como producto de la ola de privatizaciones llevadas a cabo en los últimos tiempos como principal motor del desarrollo económico; y así logró reducir el porcentaje de la población que vivía con menos de 1 dólar diario del 61 al 17 por ciento de la población en las últimas dos décadas. Ya no es posible seguir pensando en términos signados por la teoría de la dependencia (de los años 60) según la cual la pobreza de los países de América latina se debe a la explotación de los EE.UU. y Europa. Otro ejemplo: Asia, hoy recibe el 63 por ciento del total real de las inversiones que van al mundo en vías de desarrollo, según cifras de las Naciones Unidas.

Si esta meta de cero pobreza en los países de América Latina no se logra durante el Siglo XXI, entonces el fenómeno de la globalización habría resultado siendo puro “cuento chino” y entonces se desencadenaría una insalvable desilusión y frustración  social de carácter nacional, regional, continental y mundial, con un macro desborde popular de consecuencias imprevisibles y muy lamentables por cierto.

Y para que tal situación no se produzca es necesario contar con democracias sólidas, solventes moralmente y descentralizadas en el manejo de las políticas de gobierno, equipos de gobierno de alta calificación profesional y técnica, líderes empresariales y sociales con clara y definida sensibilidad social, organismos financieros mundiales que verdaderamente contribuyan a  solucionar los grandes problemas de salud, vivienda, transporte, seguridad ciudadana, trabajo, educación y de medio ambiente.

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