Artículos periodísticos y de investigación

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5 de agosto de 2021

Hacia una ética corporativa y profesional

 HACIA UNA ÉTICA CORPORATIVA Y PROFESIONAL

Escribe: Dr. Eudoro Terrones Negrete

Como consecuencia de los adelantos científicos y tecnológicos, en el campo de la información y la comunicación se ha desatado una implacable guerra mediática en el mundo de hoy, con el propósito de capturar y controlar el poder político y el poder económico.

El siglo XXI empezó con notorias amenazas para la información y se pretende imponer una ética neoliberal desde el pensamiento único, alejado de toda responsabilidad social empresarial y digitada desde las esferas de los grandes poderes económicos transnacionales, en procura de un posmoralismo light.

Ahora, la ética deviene en un discurso saturado, un término polisémico y una disciplina en debate en todas partes. Los filósofos y ejecutivos se felicitan porque se haya puesto de moda que las empresas tengan Consultores de ética, Aulas de ética y Talleres de ética.

Hay la voluntad en las organizaciones e instituciones por cultivar una nueva ética con rostro humano, con responsabilidad social, y no simplemente como un manual de casuística dentro de un mercado consumista sin límites que hace cada vez más rico a los ricos y más pobres a los pobres.

 “El enfoque de las organizaciones de negocios desde una perspectiva ética se originó en Norte América recién en los años 1970. Adquirió cierto ímpetu en este continente, alcanzó a Europa a fines de los años 1980 y se extendió al anillo de Pacífico, América Latina, África y a otras regiones del mundo durante la década de 1990”, refiere George Enderle en su artículo difundido por Internet “La ética corporativa a comienzos del siglo XXI”.  (http://www.iadb.org/Etica/Documentos/dc_end_etica.doc.).

La ética corporativa, es una rama de la ética aplicada al ámbito de los negocios, que estudia las cuestiones normativas de orden moral que se plantean referentes a la gestión empresarial, la organización, las conductas en el mercado, las decisiones comerciales y financieras, entre otros.

Estudia las acciones correctas e incorrectas, lícitas e ilícitas, justas e injustas que se producen en el mundo de las organizaciones de negocios.

En la ética corporativa tradicional, el hombre de negocios al cultivar el pragmatismo no le importa los valores morales, sólo le interesa y preocupa el beneficio económico, el cálculo, la rentabilidad, el éxito y la eficacia de los medios. No le interesa lograr el consenso sobre normas morales mínimas que aseguren la convivencia social, Él vive su mundo y lo vive en función de sus propios intereses lucrativos. Su ser se reduce a su interés de clase egoísta y el bien común no está en su agenda diaria.

Últimamente, la nueva ética corporativa está tomando cuerpo y ganando adeptos debido al número creciente de compañías multinacionales que han ganado mayor poder, crecimiento, expansión y una actitud moral proactiva en el manejo de los intereses sociales y económicos en la era de la globalización, ante un mundo sin fronteras.

La necesidad de una nueva ética corporativa está siendo reforzado por la privatización, la liberalización, la desregulación en muchos países, las diferentes formas de comunicación, que multiplican nuevos espacios de libertad en las organizaciones comerciales.

El hombre de negocios trata de comprometerse aún más con el control de calidad en todas sus operaciones y servicios, con el desarrollo sustentable, con la promoción de la cultura de diálogo abierto en los problemas, con la erradicación de la corrupción y el soborno.

Asimismo realiza sus negocios a través de medios lícitos y éticos; respeta a su cartera de clientes, se preocupa por la economía popular con precios justos en sus productos, bienes y servicios; promueve el intercambio abierto de puntos de vista, con sus clientes o potenciales consumidores.

Dentro de la nueva concepción de la ética corporativa se considera que los funcionarios y empleados de la empresa no deben recibir beneficios personales impropios como resultado de su posición en ella. Evitan enriquecerse personalmente a través del acceso a información confidencial. No compiten, directamente o indirectamente, con la empresa en la que laboran.

En las decisiones y negociaciones con proveedores o con el sindicato, en la contratación de trabajadores, en la asignación de responsabilidades o en las campañas publicitarias de los productos deberán primar los principios y valores éticos, también la responsabilidad social empresarial.

IAN DAVIS

Los escándalos corporativos de los últimos años, de Enron, Worldcom, Parmalat y Arthur Andersen han dejado por el suelo la imagen de las megaempresas de la sociedad global, a tal punto que “ha causado a la economía más daño que el atentado del 11 de septiembre en los Estados Unidos” dijo a EFE la filósofa Adela Cortina.

Frente a esta situación, Ian Davis, nacido en Reyno Unido y director gerente de la consultora McKinsey, propone, por ejemplo, una nueva ética corporativa que concilie las presiones por rentabilidad con la responsabilidad social, ante la intentona de querer justificar que todo vale para ganar dinero y más dinero al poner en práctica la máxima de Milton Friedman, “the business of business is business”, sin tener en cuenta las preocupaciones y responsabilidades sociales.

Davis, plantea una nueva máxima ética para los hombres de negocios en el siglo XXI que reza así: "Satisfaga las necesidades de la sociedad, no busque sólo los beneficios. La rentabilidad vendrá sola".

“Las grandes empresas – afirma- necesitan ser transparentes y dejar claro cual es su papel en la sociedad, pero jamás conseguirán transmitirlo si insisten en afirmar que están preocupadas con la maximización de generación de valor para el accionista”.

BERNARDO KLIKSBERG

Bernardo Kliksberg (argentino), es asesor de Gobiernos y organismos internacionales de la ONU, BID, UNESCO, UNICEF, OPS, OEA y Doctor Honoris Causa de importantes universidades del mundo.

Entre sus obras publicadas figuran: “Valores éticos y vida cotidiana“ (2005), “La agenda ética pendiente de América Latina” (2005), “Más ética, más desarrollo” (2005), “Hacia una economía con rostro humano” (2004), y “Toward an intelligent state” (2001).

Kliksberg, manifiesta que en Bélgica, Europa occidental, Francia, Noruega, Unión Europea y en los Estados Unidos hay una explosión de interés mundial por la responsabilidad social empresarial (RSE).

“Bélgica – dice Kliksberg, aprobó la ley de la etiqueta social. Garantiza a los consumidores que los productos que llevan esa etiqueta han sido elaborados con respeto por los derechos laborales, sin mano de obra infantil y sin discriminaciones. En Europa occidental hay 240 etiquetas ambientales, ecológicas y de comercio justo (que aseguran que los precios son razonables). Francia obliga por ley a las empresas a publicar un informe social y medioambiental. Inglaterra exige a los fondos de pensiones públicas informar sobre los criterios éticos, sociales y ambientales utilizados en sus inversiones. En Italia hay guías para elaborar informes sociales para las pequeñas y medianas empresas, y la región toscana da preferencia en los contratos estatales a empresas con producción socialmente responsable”.

“En Noruega, -revela Kliksberg- el 95% de las Pymes realiza acción social. España tiene un ranking de las empresas mejor percibidas por su labor social. En Estados Unidos, cien empresas suscribieron un programa para apoyar el trabajo voluntario de sus tres millones de empleados. La Unión Europea lanzó un libro verde sobre la RSE. Detrás de estos cambios hay una fuerte presión sobre las empresas de sociedades civiles cada vez más activas. También inversores que, en la era post-Enron, exigen transparencia y perciben que las empresas más éticas garantizan mejor sus ahorros. Asimismo se observa que la RSE aumenta la competitividad de la empresa y que las empresas que apoyan el trabajo voluntario de su personal tienen mejor productividad, porque el personal se identifica más con ellas. A esto se suma un dato que no entra en los análisis económicos convencionales: la votación de los mercados. En los Estados Unidos se estima que hay 50 millones de consumidores que prefieren comprar productos que responden a "un estilo de vida sano y tolerable". Mueven un mercado de 230.000 millones de dólares.”[1]

ABSTRACT

Estamos viviendo en una sociedad globalizada, con organizaciones más planas, más descentralizadas, con empleados más autónomos y con mayor poder de decisión de los ejecutivos y empleados.

A través de la nueva ética corporativa, se puede contribuir a erradicar las prácticas corruptas, que dañan la economía de la empresa y frustran o restan posibilidades de éxito empresarial; se puede mejorar el funcionamiento de la empresa y hacerla más competitiva, transparente y emprendedora; se puede reducir los conflictos de sus miembros y mejorar la imagen exterior de sí misma y sus relaciones inter-empresariales.

Una organización de éxito practica una serie de valores: igualdad, libertad, dialogo, respeto al interés social, pensamiento sistémico, misión y responsabilidad compartidas, solidaridad, vocación de servicio a la colectividad, los mismos que le permitirán generar mejores patrones de conducta ante sus clientes y la sociedad, conjugando en juego limpio la responsabilidad social empresarial con el bien común, la preservación del medio ambiente y la integración a las acciones de interés social.

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