Artículos periodísticos y de investigación

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15 de abril de 2020

EL REPORTAJE, SUS CLASES Y UN MODELO


EL REPORTAJE, SUS CLASES Y UN MODELO

Escribe: Eudoro Terrones Negrete


 De la obra El reportaje de Hernán Velarde se ha extraído como modelo el reportaje titulado"Madre de barriada"
   
  El reportaje proviene del verbo latino reportare, que significa traer o llevar una noticia, volver a llevar, trasladar, anunciar, referir, información al público lector acerca de alguna cosa ocurrida o de algo que preocupa a la población. De ahí que la mayor parte de lo que se publica en un periódico, en un diario, en una revista, es reportaje.
 Martín Vivaldi en su obra Géneros periodísticos define el reportaje como "relato periodístico esencialmente informativo, libre en cuanto al tema, objetivo en cuanto al modo y redactado preferentemente en estilo directo, en el que se da cuenta de un hecho o suceso de interés actual o humano; o también: una narración informativa, de vuelo más o menos literario, concebida y realizada según la personalidad del escritor-periodista".
 En cambio para Luis A. Romero (Curso práctico de periodismo) la palabra francesa "reportage" en el lenguaje periodístico se emplea "para designar aquellas informaciones, en forma de entrevistas, en las que el periodista trascribe casi literalmente, es decir, limitándose a darles forma literaria, las preguntas formuladas a una persona que ocupa una situación importante, y las respuestas dadas por la misma; la tarea de aquél, en estos casos, no es la de "crear", sino la de trasladar  fielmente al lector las manifestaciones que se le hacen".
El reportaje además de ser apasionante, exigente, organizado, absolutamente objetivo, está dotado de colorido en ciertos casos para dar al lector una idea acerca del ambiente en que el entrevistado actúa, trabaja, vive o desarrolla sus actividades. El reportero goza de libertad expositiva, trata sobre temas, problemas o sucesos de actualidad, que guarda relación o conexión con el mundo circundante, con el presente o con el futuro
 La técnica del reportaje implica el dominio de la narración, de la descripción, de la entrevista, de la crónica y de la organización de los elementos informativos.

CLASES DE REPORTAJE

Hay diversas clases de reportaje: Reportaje moderno, de opinión, interpretativo, ilustrado, profundo e investigador.
Reportaje moderno. Es una narración objetiva, veraz e imparcial, escrita de manera impersonal o en tercera persona.
Reportaje de opinión. Es el reportaje en el que se procura orientar o dirigir la opinión del lector, interpretando el acontecimiento según el punto de vista personal del reportero.
Reportaje interpretativo. Es el reportaje que describe el acontecimiento, que añade aclaraciones que contribuyen a la comprensión del asunto.
Reportaje ilustrado. Dícese de la serie de fotografías sobre un tema de interés periodístico que aparecen en una publicación.
Reportaje profundo. Llamado también Gran Reportaje, es un trabajo más personal y libre, sin reglas fijas de procedimiento, sin formas categóricas de redacción. Es el reportaje más o menos grande, profundo e interpretativo, que cuenta e interpreta lo que pasa por dentro de lo que acontece, de las cosas o del mundo.
Reportaje investigador. Son notas periodísticas que proceden de reporteros de una redacción que a veces tienen o no dirección editorial. Significa que uno o más reporteros se han dedicado a trabajar una noticia, luego de recibir un encargo de su propia redacción, de un lector o de alguna otra fuente, y han logrado de esa manera obtener una noticia significativa. Este tipo de reportaje se caracteriza por ser sigiloso y paciente, por cubrir una zona amplia, por requerir de un tiempo razonable para la investigación y por efectuarse el relato como noticia en estilo llano. El reportaje investigador indaga casos delictivos, enfermedades mentales, corrupción administrativa, casos especiales que se ventilan en el poder judicial, maniobras sucias en el campo de las relaciones obrero-patronales, sobre el mal uso de los fondos públicos, entre otros.

Modelo de reportaje:

MADRE DE BARRIADA 
     2 hijos, un marido, 70 soles diarios

Por Hernán Velarde[1]

Hay un mundo señor Presidente de la República... un mundo
atroz, quizá lo sepa:
     Allí los recién nacidos laten como relojes de carne en el polvo.
     Las generaciones se suceden sobre la basura. Las muñecas llegan prostituidas a las manos de las niñas.
     El agua es un artículo de lujo.
     Nadie llora porque todos preguntan: ¿para qué...? El padre Sol es de materia y orín.
     Los niños maman el dedo índice de la tuberculosis.
     Un mundo que vive, pese al Ministerio de Salud Pública y la Gota de Leche.
     Es un bosque de fémures y tibias.
     Un cultivo de puños.
     Un almácigo de odios.
     Se llama el "Cinturón de Miseria".
     Los niños miran desde sus jergones, cómo el padre y la madre... ¡Ud. comprende!
     Allí, entre otras cosas, vive Teolinda Navarro Vela de López, madre de 22 hijos.
     Su historia es la de 250 mil madres de familia, que sobreviven al olvido plural y singular, al olvido oficial y particular. Mejor dicho, a todos los olvidos, incluyendo el olvido del Gran Dios y el pobre diablo.
Las primeras palabras
     Alguien ha de decir que este reportaje es subversivo. Claro que lo es, como todo lo que se escribe sobre las barriadas, incluyendo la que dicen los santos varones de la Iglesia, en su afán "por no hundirse con barco y todo", conforme reza el credo revolucionario de los sacerdotes de extrema izquierda.
     Dirán también que los personajes del mismo, hablan demasiado claro para ser tan miserables, pero no hay mayor claridad que la que irradia la miseria. Los que disfrutan de una vida imaginaria, entre piojos, alcohol y promiscuidad.
     - Yo creo que la historia tendrá que avergonzarse algún día de todo esto...
     - La historia, señor, es algo que jamás considera a nosotros los miserables...
     - Y Ud., ¿qué sabe de la historia?
     - Nada, salvo que es un relato que los viejos cuentan y los niños escuchan.
     - ¿Y quiénes la protagonizaron?
     - Los ricos.
     Sobre un muladar cubierto de moscas de trompas ensangrentadas, Teolinda Vela Navarro de López y sus hijos, semeja la imagen de la Patria. Si, porque además tiene la cabeza hundida en el cielo negro y heroico de la barriada. Y porque también hay un toque de luz sobre sus arrugas, reflejo de esas lonjas granates que arroja el atardecer, sobre los espectros.
Un lugar de la tierra
     El distrito Independencia, una de las primeras poblaciones humildes que se formaron hace ocho años a la ribera derecha de la antigua carretera a Canta, es en realidad una perrera humana. Cada noche en alguno de sus malolientes casuchas de estera, mueren dos, tres y cuatro niños, debido a una enfermedad que no está en los tratados de medicina. Porque los hombres de las barriadas, si bien no tienen nada, son exclusivos y excluyentes en cuanto a sus enfermedades. Desde el asfalto agrietado, las construcciones trepan cuesta arriba, envueltas en polvo y miasmas. Los perros, como en El Agustino o Villa María, Comas o Cuevas, caminan de medio lado, según la brisa venga de Este u Oeste. Cuando sopla desde el Norte, retroceden como si el cuarto trasero se les paralizara. Pero si el viento sopla del Sur, avanzan tal si estuvieran vomitando.
Una de ellas
     Arriba, donde las construcciones chocan con el cerro y parecen caerse patas arriba, con las esteras despanzurradas, vive Teolinda Navarro.
     Su casa ocupa un área de 17 y medio por 11 metros, 192 y medio metros cuadrados en total. De ellos, cien metros están ocupados por los animales domésticos y el resto por Teolinda, sus hijos, su esposo, sus sobrinos, etc., etc., etc., a razón de un metro y medio por persona. Allí en realidad se duerme por turnos y aún así, los pies asoman por debajo de los muros de papel y yute.
     - Señora, ¿debe sufrir mucho, verdad?
     - ¿Sufrir, sufrir?, déjeme pensar, creo que no, aunque ciertamente tal vez sufra mucho, no sé, como que tampoco sé gozar. Creo que con tanta preocupación, no acabo de comprender mi propia situación, y eso es una ventaja.
Espantosa lógica
     - ¿Cuánto gana su esposo?
     - Setenta soles diarios, eso dice.
     - ¿Y por qué tiene tantos hijos?
     - ¿Cómo decirle no a mi esposo, sabiendo que yo soy su único       placer?
     - Es espantoso.
     - No lo crea, pues tiene sus compensaciones, porque yo tampoco tengo otro placer.
Una historia
     Teolinda Navarro que poco más o menos es el símbolo del cuarto de millón de madres de familia que habitan en la periferia de Lima, nació en Iquitos. Para llegar a su casa había que cruzar el río Itaya en balsa. Allí sobre la orilla derecha, entre los brazos deformados de los árboles, se levanta aún la casa paternal. Los "pustis" hacen parábolas en el cielo y los "puachos" se dicen piropos glotales. Los bejucos -homosexuales vegetales-, se abrazan con delirio y el agua corre descalza entre los cafetos. Un paraíso.
     -¿Por qué vino a Lima?
     - Mi esposo dijo un día, "sólo los elefantes mueren en su valle".
     - ¿Y?
     - Y aquí me tiene.
     - En el supuesto caso que su deseo fuese escuchado, ¿qué le pediría al Presidente de la República?
     - Nada, porque creo que el señor Presidente debe tener más dolores de cabeza que yo.
     -¿Por qué dice eso?
     - Por experiencia, no hay peor cosa que gobernar pobres.
     - ¿Pero en el Perú también hay ricos...?
     - Claro, para que haya pobres, es necesario que haya ricos.
     - ¿Cree en el Cielo?
     - Como el enfermo en la recuperación de la salud.
     - ¿Y si el cielo fuera una mentira?
     - Dios dice la verdad, el Cielo existe para nosotros las gentes de barriada.
           -¿Sólo para Uds.?
     - Así es, porque los últimos deberán ser los primeros.
La noche de la invasión
     Una noche del 17 de noviembre de 1960 Teolinda fue una de las 350 personas que armadas de una bandera peruana, una estera y una hereditaria decisión de morir peleando por la tierra, se agazapó tras los muros que bordean la carretera a Canta. A las tres de la madrugada, cuando un profesional de las invasiones dio la señal convenida, Teolinda puso bajo el brazo al menor de sus hijos y corrió dando vivas al Perú y al Gobierno democrático hacia los terrenos de Independencia. Allí midiendo con el pecho las agruras de la tierra, plantó sus estacas y le puso techo a su precaria vivienda. A la mañana siguiente vino la Guardia de asalto y trató de erradicar a los invasores. Teolinda cantaba aún el Himno Nacional, cuando un culatazo de fusil la abatió sobre sus ollas y el nidal de sus hijos, pero las otras mujeres se pusieron como fieras y con los críos en los brazos y la bandera nacional amarrada al cuello, arremetieron contra los policías. Ese fue otro capítulo en la historia de las invasiones ganadas por las mujeres. Los hombres vinieron luego a tomar posición de la tierra y construir las viviendas.
     - ¿Ud. estaba dispuesta a morir por este pedazo de tierra?
     - Incluso por otro más chico, ¿para qué sirve un hombre y una mujer que no tienen un pedazo de tierra?
     - ¿Todos sus hijos van al colegio?
     - Sólo cinco, para el resto no hay libros ni comida.
     - ¿Pero Ud. parece más bien alegre...?
     - Y qué voy a hacer, ¿llorar, para qué...?
     - ¿Va a misa?
     - No tengo tiempo.
     - El párroco, ¿le ayuda?
     - Prometió hacerlo.
Le paso el dato
     Allí entre perros sarnosos, polvo y miseria, entre piojos de hocico tinto en sangre, señor Presidente de la República, hay un pueblo, una madre y ella tiene razón, "no hay peor cosa que gobernar un pueblo de pobres".
     Yo le paso el dato, por si mañana las ojotas se desbordan.
     Lima, 1966.

 Fuente: El reportaje, Hernán Velarde.
Editorial Arica, S.A., Lima-Perú, 1972, pp. 165-169.


[1] Velarde, Hernán. El reportaje. Editorial Arica, S.A., Lima-Perú, 1972, pp. 165-169.


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