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LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE MAYOR ÉXITO Y SUS COMPETENCIAS

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lunes, 27 de abril de 2020

SÓCRATES, EL "PARTERO DE IDEAS O ESPÍRITUS" DE LA ANTIGUA GRECIA


SÓCRATES, 

EL "PARTERO DE IDEAS O ESPÍRITUS" 

DE LA ANTIGUA GRECIA


Escribe: Eudoro Terrones Negrete




VIDA Y PERSONALIDAD

Sócrates (469-399 a.C.) nació en Atenas. Fue hijo del escultor Sofronisco y de la comadrona Fenaretes, familia aristocrática.

Se lo considera un gran filósofo y virtuoso sabio, el más justo y el más sabio entre los hombres de su época. Moralista inigualable, educador ejemplar, excelente soldado y ciudadano, incansable censurador de los ambiciosos y del despotismo así como también de aquellos gobernantes demagogos.

Polemista incansable, valiente misionero de la verdad y de la bondad, del amor y del bien social, jamás tuvo apego por los puestos públicos y nunca dejó de cumplir con sus deberes cívicos, no practicó oficio alguno.

Fue extremadamente pobre en su vejez, por haber sido absorbido por la Filosofía que no le daba tiempo para atender los asuntos personales.

Sócrates sirvió a su patria, en 424 a.C., como “Hoplita”. Participó en varias batallas, en Potidea, en Delio (aquí salvó la vida de su discípulo Jenofonte) y en Anfipolis. Llevó una vida austera y franciscana, en una época de gran corrupción moral. Es considerado “una de las mayores figuras de la humanidad”, no obstante que fue autodidacta y jamás escribió obra alguna.

A.E. Taylor señala sobre la personalidad de Sócrates en los términos siguientes: “Desde sus primeros días, Sócrates debe de haber sido una especie de “rareza”, tanto física como mentalmente. Su robustez física y su capacidad de resistencia son destacados por Platón como por Jenofonte, y explican en parte la excelencia de su hoja de servicios como guerrero…Se destaca también su excepcional continencia y sobriedad en la comida y la bebida, y asimismo su capacidad para beber excesivamente cuando la ocasión lo exigía, sin llegar a embriagarse. En su edad madura acostumbraba llevar la misma ropa sencilla en verano y en invierno y habitualmente iba descalzo, incluso, según Platón…”[1]

En vida se mostró altivo con su sabiduría que creía se lo venía de lo divino. Se dedicaba a los ejercicios del cuerpo y de allí su constitución física robusta, deambulaba por las calles de Atenas donde frecuentaba la gente en su afán de prodigar consejos a la juventud para una vida mejor, vida virtuosa y feliz, interrogando a todo cuanto encontraba para hacerlos descubrir por sí solos la verdad que se proponía saber.

“Su vivacidad en la discusión –indica Diógenes de Laertes- le proporcionaba frecuentemente algunos sinsabores, lo pegaban, le arrancaban los cabellos, muchas veces se mofaban de él. Todo lo soportaba con calma imperturbable; hasta el punto que habiendo recibido un puntapié permaneció impasible; como alguno se admirase, él contestó: Si un asno me diese una coz, ¿habría de formarle proceso?”[2].

Físicamente, Sócrates era de cabeza ancha y calva, de nariz chata y de ojos saltones, usaba ropa frecuentemente rota. Tuvo como noble mujer a Jantipa quien alentó en todo momento su amor por la sabiduría.

PENSAMIENTO VIVO

Sócrates no escribió nada, ni fundó sistema o escuela filosófica alguna, pero toda su enseñanza, que fue oral, nos llega de cuatro fuentes: de Platón, de Jenofonte, de Aristóteles y de Aristófanes.

Impartía sus lecciones dialogando con sus interlocutores sobre la base de preguntas y respuestas, exigiendo conceptos y definiciones precisas. Era “el partero de ideas o espíritus” de su época.

Sócrates tuvo por discípulos a Platón, Jenofonte, Antístenes, Aristipo, Fedón de Elis y Euclides de Mégara.

Se dedicó al conocimiento de sí mismo, del hombre y sus problemas y al ejercicio de la virtud. De acuerdo a Cicerón, el que hizo posible que la filosofía del cielo se trasladara a la tierra fue Sócrates.

La doctrina de Sócrates mayormente tiene un contenido moral, haciendo de la virtud y del saber una misma cosa. Su doctrina se centra en el conocimiento del hombre y en la conducta moral.

Salazar Bondy puntualiza en su “Iniciación filosófica”: “El análisis del lenguaje, la crítica de los conceptos básicos de la ciencia, la fundamentación racional de la conducta humana y de la organización del Estado y la noción filosófica de alma son motivos capitales del pensamiento filosófico que encuentran su primera formulación en Sócrates”.

Sócrates llegó a cambiar la dirección del pensamiento griego (indagación de la naturaleza) por un estudio directo del hombre y sus problemas (la cuestión moral) colocándole en el punto central del quehacer filosófico; la virtud consiste en conocer el bien y esta virtud sólo se alcanza mediante el razonamiento y el saber.

Enseñó que todo saber genuino termina en la formación de conceptos y definiciones; Aristóteles dijo de Sócrates que “legó a la filosofía los razonamientos inductivos y la definición universal”.

Al sostener en su tiempo la verdad moral como el camino a seguir por el hombre para una vida imperecedera y feliz. Sócrates llegó a polarizar el pensamiento, la vida intelectual sobre los asuntos humanos –frente al pensar “físico” de sus antecesores- y con ello “restaura el sentido auténtico del filosofar” y “aplicándolos el nuevo método de la definición por él descubierto, abre una nueva fase, la más fecunda y madura del pensamiento griego”[3].

De lo expuesto se puede concluir que a Sócrates se debe lo siguiente: 1. La creación del “concepto” y de la “definición”. 2. La creación de una ética racional. 3. La creación del método inductivo. 4. Bajo la filosofía del cielo a la tierra. 5. Enseñó que sólo hay un bien, la Ciencia, y un solo mal, la Ignorancia.

EL MÉTODO SOCRÁTICO

El método creado por Sócrates se denomina método socrático y consta de dos partes: la ironía y la mayéutica.

LA IRONÍA

La ironía es la parte crítica del método socrático y consiste en llevar al interlocutor, por medio de preguntas muy bien hilvanadas, a dar definiciones que aplicados a ejemplos particulares devenían en falsas y ridículas (ironía), lo que les obligaba a reconocer el error en que estaban en el afán de descubrir por sí mismo la verdad.

LA MAYÉUTICA

El término mayéutica proviene del griego “maieutiké” que significa “alumbramiento”. Es la parte positiva del método de Sócrates. Consiste en sacar a luz una verdad oculta en el espíritu por un esfuerzo de la reflexión.

Sócrates llevaba a sus discípulos a observar minuciosamente los hechos o fenómenos concretos de la vida diaria para luego hacerlos extraer de ellos la idea universal o concepto (inducción). Este método define y deduce (inferencia) las nociones universales admitidas por todos los hombres.

Gustaba comparar irónicamente su oficio de “partero de espíritus”, de “alumbrador intelectual de la verdad” con el oficio de su madre (“la comadrona o partera”) y por eso denominó Método mayéutico a su método de enseñanza filosófica, es decir el “arte de la partera”,  el “arte obstetrical”, el arte del alumbramiento intelectual de las verdades.

SÓCRATES COMO EDUCADOR

Sócrates se consagró en vida íntegramente a la enseñanza y a la formación de la juventud y del pueblo, en cumplimiento de un “mandato divino”. Sacrificó sus intereses personales, familiares y políticos y jamás llegó a cobrar un solo centavo por concepto de sus enseñanzas.

Hizo célebre y suyo la frase grabada en el frontispicio del templo de Delfos: “Conócete a ti mismo”. Con el fin de que los individuos se dedicasen a la autorreflexión personal, al conocimiento de sus virtudes y defectos, de sus vicios y pasiones, de sus posibilidades, limitaciones, potencialidades. capacidades , habilidades y destrezas para ser mejores ciudadanos con una vida moral incorruptible y de bien social.

Además hizo célebre la proposición “Sólo se una cosa, y es que no se nada”, frente a los sofistas que sin saber nada, pretendían saberlo todo, y que mediante sus preguntas bien elaboradas los llevaba a aceptar que sus ideas eran de contenidos falsos y confusos, por lo que se lo considera el abanderado de la razón, de la verdad y del sentido común contra la sofística. Sócrates llega a oponerse al nihilismo teorético de los sofistas con su teoría gnoseológica y con su concepto de la enseñanza como misión.
“Pero lo que convierte a Sócrates en maestro de un nuevo arte de la amistas –relata Jaeger- es la conciencia de que la base de toda amistad verdadera no debe buscarse en la utilidad externa de unos hombres para otros, sino en el valor interior del hombre”. Y agrega: “Instaba a los jóvenes a que se mirasen frecuentemente en el espejo para que al verse hermosos se hiciesen dignos de su belleza, y en caso contrario, olvidasen su fealdad a cambio de la ciencia y de la virtud”[4].

Sócrates concibe la educación como una labor de unificación del pensar ligado a la virtud, todas las virtudes deben relacionarse entre sí. Por ejemplo, ¿qué es la justicia si la valentía no la sostiene?

SÓCRATES COMO MÁRTIR DE LA FILOSOFÍA

Sócrates se rebeló contra los templos y los dioses, creía en un solo Dios, por lo que fue víctima de la envidia de sus enemigos quienes lo acusaron de “impío” y de “corruptor de la juventud” y demandaron que fuese condenado a muerte.

No quiso pedir perdón, se valió en su defensa de sus propias convicciones, principios e ideas, e inclusive rechazó los medios que le ofrecían sus amigos para escaparse de la prisión. Tomó su copa de veneno (“la cicuta”) y luego de dirigir a sus discípulos un elocuente e histórico discurso sobre la inmortalidad del alma murió serenamente convencido de haber pregonado una doctrina justa.

Su muerte ha sido calificada históricamente como la de un mártir de la Filosofía.


[1] Taylor, A.E. El pensamiento de Sócrates. Fondo de Cultura Económica. México-Buenos Aires, 1961.
[2] De Laertes, Diógenes. Vida y doctrina de los grandes filósofos de la antigüedad. Editorial Claridad, Buenos Aires, 1947.
[3] Enciclopedia BARSA, Tomo XIII. Editores Enciclopedia Británica, Estados Unidos, 1960.
[4] Jaeger, Werner. Paideia. Obra completa. Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1962.

LAS ESCUELAS PRESOCRÁTICAS: DE LOS FÍSICOS, ATOMISTA Y SOFÍSTICA


LAS ESCUELAS PRESOCRÁTICAS: 

DE LOS FÍSICOS, ATOMISTA Y SOFÍSTICA



Escribe: Eudoro Terrones Negrete


LA ESCUELA DE LOS FÍSICOS

Los representantes máximos de la Escuela de los Físicos son Empédocles de Agrigento y Anaxágoras de Clazomene.

EMPÉDOCLES DE AGRIGENTO

Médico,  orador, poeta, físico y filósofo, llegó a considerarse un “dios inmortal”. Para él, las raíces de todo está constituido por los cuatro elementos: AGUA, AIRE, FUEGO y TIERRA, que combinados indistintamente originan todas las cosas. Los cuatro elementos son cuatro dioses que “gobiernan el mundo”.

Según Empédocles las cosas no nacen ni mueren, sino que “aparecen y desaparecen por la unión o desunión de los elementos que lo constituyen”. Estos cuatro elementos son movidos por dos fuerzas contrarias: el AMOR, que los une; y el ODIO, que los separa. El odio es el principio que destruye o que modifica. En el odio todas las cosas van diferentes y divididas, pero se reúnen en el amor. El amor es el poder creador.
Empédocles es un pensador pluralista que descubrió la Retórica.

ANAXÁGORAS DE CLAZOMENE

Para él existían infinidad de substancias simples o “semillas” que estaban distribuidas por todo el universo, que al juntarse originaban a las cosas individuales y al separarse producían la destrucción de estas cosas.

Concibió un tipo especial de materia o “substancia animada”, que era una Razón inteligente, eterna e imperecedera, que era la única materia que se halla en movimiento y que puede comunicar este movimiento al resto de la materia.

Su teoría de los átomos (“homeomerías”) es considerada como “gérmenes de las cosas”. Es el primer filósofo en concebir el principio teleológico en la explicación del mundo natural, es decir la idea de la finalidad en la naturaleza: “Al principio era el caos –escribe Anaxágoras-, luego vino la inteligencia, que puso en orden todas las cosas”.

LA ESCUELA ATOMISTA

SIGNIFICADO

La Escuela Atomista postula un aferrado materialismo, no cree en Dios. La realidad está constituida por ÁTOMOS con su espacio vacío donde se mueven. Sus representantes son Demócrito y Leucipo.

DEMÓCRITO DE ABDERA

Su doctrina atómica es resueltamente atea. ¡Nada hay en la naturaleza, decía, que se produzca sin causa, todo se efectúa por alguna razón y necesariamente”, sólo que toda causa hay que buscarla en los propios átomos y no fuera de ellos.
Negaba todo criterio de verdad, suponiendo que la realidad es un conjunto de apariencias y que el universo es una incesante ilusión.

Demócrito aceptaba dos elementos: el ÁTOMO y el VACÍO. Los átomos por su pequeñez son invisibles, tienen formas y tamaños para dar origen a todas las cosas del mundo. Una combinación de átomos formaría, por ejemplo, un palo, una piedra, un caballo, etc. Los átomos son infinitos, en magnitud y en cantidad, se mueven en círculo en el universo.

Según su Teoría del Conocimiento, la percepción se realiza a causa de unos espectros emitidos por las cosas que en forma de imágenes sutiles, compuestas también de átomos, impresionan los sentidos penetrando en ellos[1].

LEUCIPO DE ELEA

De cuya existencia nada se sabe, introdujo en la terminología científica tres nuevos conceptos: 1. El del vacío absoluto. 2. El de átomos que se mueven en dicho vacío. 3. El de necesidad mecánica.

Fue el primero en establecer tanto el principio de la “causalidad” como el principio de “razón suficiente”, cuando dijo: “ni una cosa sola surge sin causa, todo surge sobre alguna base y en virtud de la necesidad”.[2]

LA ESCUELA SOFÍSTICA

SIGNIFICADO

La Escuela Sofística surge en Ática (Atenas) en pleno siglo V antes de Cristo. Los sofistas abandonan la cosmogonía y la cosmología y dan nuevo rumbo a la filosofía griega al centrar su preocupación en el estudio del hombre y de sus problemas. Introduce un nuevo concepto filosófico: EUDAIMONÍA o felicidad del ser humano.
¿Quiénes fueron los sofistas?. Los sofistas fueron hombre dotados de gran dominio de la retórica, del arte de la discusión o del razonamiento capcioso, que van de ciudad en ciudad enseñando a la juventud y al pueblo, percibiendo por dicho concepto una remuneración, con tarifas elevadas, relacionados estrechamente con familias pudientes. No se preocupaban por conocer la verdad, sólo se interesaban por ganar la discusión o la polémica, por poner su elocuencia al servicio de los ambiciosos que buscaban alcanzar honores, fama y popularidad política. Utilizaron sofismas o argumentos falsos con intención de inducir al error. Fueron, a decir verdad, hombres elocuentes, dialécticos, conferenciantes públicos, filósofos prácticos, fueron los precursores de la educación superior orientados a la aplicación del aspecto social de la ciencia. Sus argumentaciones eran relativistas y escépticas. Enseñaban el arte de la discusión, el arte del razonamiento capcioso. Eran maestros que arribaron a Atenas procedentes de ciudades extranjeras con el fin de “popularizar los conocimientos”.

Dagobert D. Runes, en su Diccionario de Filosofía, refiere que los sofistas llegaron a Atenas para ayudar a los jóvenes a lograr el éxito político. Esto suponía la subordinación de la enseñanza puramente teórica a sus fines prácticos, y los sofistas, lejos de enseñar lo más cercano a la verdad, predicaban a la juventud lo que le serviría para alcanzar el triunfo político. Así la elocuencia pública y el arte de la retórica pronto ocuparon el lugar de la ciencia y la especulación pura.

En primera instancia, sofista fue sinónimo de “sabio”, “hombre de ciencia”, empero, a causa de que daban demasiada importancia a la dialéctica, a las argumentaciones relativistas y escépticas, sin importarles el fondo de la verdad, el término sofista derivó en “hombre falaz”, en “comerciante de la cultura”, en “embaucador profesional”, en hombres que sin saber nada pretendían saberlo todo.

A pesar de todo ello, fueron mal vistos en su época y considerados como los iniciadores de la problemática axiológica contemporánea.

“Sim embargo, el movimiento sofístico tuvo la ventaja de reaccionar contra las hipótesis audaces de los filósofos, guiando a la inteligencia hacia fecundas investigaciones sobre “el conocimiento del espíritu”, permitió la extraordinaria floración de las ideas socráticas”.[3]

Los sofistas encausaron la investigación hacia los problemas psicológicos y críticos hasta entonces descuidados o poco tratados a profundidad. Los sofistas no aceptaron ninguna verdad absoluta que les impidiese la maniobra dialéctica orientada a confundir al contrincante, pues sólo creían en verdades relativas.

Platón criticó a los sofistas por apartar la dialéctica de su verdadero fin. Aristóteles, en cambio, los censuró por ganar el dinero mediante una “ciencia aparente”, más que real (sabiduría falsa).

Entre los principales representantes se encuentran Protágoras, Hipias, Pródico, Antifón, Gorgias, Criticas, Hipodamo y Calicles.

PROTÁGORAS (480-411 a.C.)

Es uno de los grandes sofistas y el primer filósofo que llegó a cobrar por sus enseñanzas, es considerado como “el gran sistematizador de la gramática”. Dentro de su concepción doctrinaria comprendía aspectos de convencionalismo de la ley y el relativismo de la verdad. Su pensamiento: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en tanto que no son”. Y agregaba: “según cada cosa se me aparece, tal es para mí; según a ti se te muestra, tal es para ti, pues tú era hombre y yo también lo soy”, con lo que quería demostrar que nada es verdadero o falso en sí mismo, sino que todo es verdadero o falso según la disposición del hombre que recibe la sensación, según el momento que la recibe, y lo que para uno es verdadero para el otro puede ser falso (relativismo individual).

Por su posición ateísta, fue denunciado y desterrado. Dijo: “Con respecto a los dioses, no se si existen, pues el problema es difícil y la vida humana muy corta para resolverlo”.

Para Protágoras de Abdera la verdad, el bien y la belleza son relativos a cada hombre y no valores universales.

GORGIAS (483-390 a.C.)

Nihilista y orador, aferrado escéptico, en su libro “Del no ser” formula tres proposiciones básicas: 1º. Que nada es. 2°. Que si algo fuese o existiese, sería incognoscible. 3°. Que si algo fuese o existiese y lo conociésemos, sería incomunicable a los demás.Sostuvo que lo que uno puede conocer jamás puede ser entendido o conocido por los demás hombres.

HIPIAS DE ÉLIDE

Sofista griego, contemporáneo de Protágoras, nació el 400 a.C. en la ciudad de Elis, capital de la Élide. Jenofonte le consideró como un hombre de gran polimatia (saber enciclopédico); sofista poseedor de extraordinaria memoria; conferencista muy bien remunerado, exponía sobre diferentes temas y problemas de filosofía, política, mitología, historia, gramática,  retórica, matemáticas,  arqueología, filología, música, poesía, geometría y astronomía; es un gran matemático de la Antigua Grecia, creador  de sistemas mnemotécnicos y descubridor de la ecuación de la cuadratriz. Hipias participa como personaje en los diálogos de Platón, Hipias mayor e Hipias menor.

“Sin embargo, no hay duda alguna que Hipias hizo un servicio real a la literatura griega (y a sin dudar a toda la literatura, en general) al insistir en el significado de las palabras, el valor del ritmo y del estilo literario. Está acreditado con un excelente trabajo sobre Homero, colecciones de literatura griega y extranjera, y tratados arqueológicos, pero nada se ha conservado excepto unas notas mínimas. Él forma parte del enlace que conecta los primeros grandes sofistas, Protágoras y Pródico de Ceos, y los innumerables erísticos que hicieron caer su prestigio”.[4] 



“Recientemente encontré su nombre en un libro sobre matemáticas, en el que se le mencionaba como uno de los matemáticos que estudió y resolvió la trisección del ángulo. Y aquí un breve paréntesis matemático para los aficionados a esta ciencia. Hay tres problemas principales que preocuparon a los matemáticos griegos y que no pudieron resolver geométricamente, sólo con la ayuda de una regla y un compás. Se trata de la duplicación del cubo, de la trisección de un ángulo (ambos problemas están relacionados con la obtención de la raíz cúbica de un número entero con métodos geométricos) y la cuadratura del círculo, relacionado con la trascendencia del número pi (pi no puede ser  obtenido algebraicamente con ningún polinomio). Pues bien, Hipias resolvió este problema con una curva anexa que recibe el nombre de “curva de Hipias”, que es una cuadratriz que permite realizar la trisección del triángulo y que posteriormente Dinóstrato utilizó también para hallar la cuadratura del círculo”.[5]




[1] Ramón Conde, Op.cit.
[2] Rosental-Iudin. Diccionario Filosófico. Ediciones Universo, Lima-Perú, s/f.
[3] Enciclopedia Autodidáctica Quillet. México, 1963.
[5] Del artículo de Tachen. Hipias de Elis, una enciclopedia andante. https://blog.nueva-acropolis.es/2009/hipias-de-elis-una-enciclopedia-andante/

martes, 21 de abril de 2020

BLAS PASCAL: "EL HOMBRE ES... UNA CAÑA PENSANTE"


BLAS PASCAL: 
"EL HOMBRE ES... UNA CAÑA PENSANTE"

Escribe: Eudoro Terrones Negrete

Blas Pascal

Blas Pascal  (1623-1662 d.C.) nació en Clermont-Ferrand el 19 de junio de 1623 y murió el 19 de agosto de 1662.

Blas Pascal es un ilustre científico y filósofo cristiano, teólogo, físico y matemático francés, recibió la influencia de Descartes, pero fue un duro crítico de la filosofía cartesiana y del jesuitismo. Desarrolló la teoría de las probabilidades en razón con los juegos de azar e inventó una calculadora primitiva. A los 16 años formuló el teorema de la geometría conocido con el nombre de teorema de Pascal, asimismo formuló el denominado Principio de Pascal.

Con Leopoldo Zea diríamos: “Pascal es el primer hombre moderno decepcionado de la modernidad”.

Su pensamiento giraba en torno al racionalismo, el escepticismo y el existencialismo cristiano.

Es autor de las Cartas Provinciales (1656), Opúsculos y Pensamientos sobre la Religión (1670).

“Para Pascal –indica M. Federico Sciacca[1]- la deducción matemática es el tipo perfecto del conocimiento, pero la deducción se apoya en la intuición que escapa a la razón. La deducción (l´esprit de géometrie) va de razón en razón sin llegar a un punto firme, o mejor, se aferra a los postulados que no demuestra. No hay un conocimiento humano de orden absolutamente perfecto: la verdad objetiva y absoluta sobrepasa los límites del pensamiento humano. Hay, sin embargo, una forma de conocimiento no racional que conoce lo que la razón desconoce: l´esprit de finesse, la “razón del corazón”, un poder de intuición directa que llega donde la razón no puede llegar. Esto prueba la debilidad de la razón humana y la necesidad intrínseca de reconocer que la verdad la supera ( “el último acto de la razón es reconocer que muchas cosas están por encima de ella”). Pero la conciencia de los propios límites, la conciencia del dolor y de la insuficiencia son los signos de la nobleza humana, repite Pascal con San Agustín[2], son el testimonio de que el hombre es un “gran señor” caído, que el actual estado de miseria es la consecuencia del pecado del primer hombre. Sólo la gracia, que para Pascal, sin embargo, a diferencia de los jansenistas, no excluye la colaboración de la voluntad humana, puede restituir al hombre en su primitiva grandeza y satisfacer su ansia indomable de infinito, de criatura hecha para elevarse por encima del orden de la Naturaleza…”

“Así Pascal, contra el abstracto racionalismo cartesiano, reivindica la concreción de la existencia humana, al hombre en su singularidad, paradoja viviente, contradicción de carne y hueso, que la verdad cristiana le puede esclarecer, satisfaciéndolo y rescatándolo. El hombre no es sólo razón, no es reductible a una idea clara y distinta, sino que es también corazón y sentimiento, enigma que reclama el misterio de la fe. Pero Pascal no sólo estaba descontento del racionalismo cartesiano, sino también del escolástico y de la casuística de los jesuitas, contra los que escribió las célebres Cartas provinciales”[3].

En la concepción antropológica pascaliana  el hombre es un ser frágil, pensante y sabe que va a morir. El hombre es un ente limitado, finito e insatisfecho. Decía, en su obra Pensamientos: “yo no puedo concebir al hombre sin pensamiento: sería una piedra o un bruto”: “Toda nuestra dignidad consiste, pues, en el pensamiento”. “Todo el mundo corpóreo, el firmamento, los astros, la tierra y sus reinos, no pesan lo que el menor de los espíritus; pues éste conoce todo eso y se conoce a sí mismo, y los cuerpos nada conocen”. “Anhelamos la verdad, y sólo encontramos en nosotros incertidumbre. Buscamos la felicidad, y no encontramos sino miseria y muerte. Somos incapaces de renunciar a la verdad y a la dicha, sin poder empero hallar la dicha y la certeza”.

Ante la pregunta ¿Qué es el hombre en la naturaleza? Pascal responde: “Una nada frente al infinito, un todo frente a la nada, un medio entre nada y todo. Infinitamente alejado de comprender los extremos, el fin de las cosas y su principio le están invenciblemente ocultos en un secreto impenetrable, igualmente incapaz de ver la nada de donde ha sido sacado y el infinito en que se halla sumido.” (De Pensamientos).

En la concepción antropológica de Pascal el  hombre, por naturaleza, es crédulo, incrédulo, tímido y temerario; el hombre no es más que mentira, duplicidad, contrariedad, y que se oculta y disfraza entre sus semejantes. Pues solamente existen dos especies de hombres; los hombres justos que se creen pecadores, y los hombres pecadores que se consideran justos.

“El ser humano es una entidad que posee inteligencia, por ello es grandioso; pero a la vez posee deficiencias y comete males, por ello es miserable. De ahí que Pascal diga que el hombre es un ser de contradicciones”[4].

Según Pascal, la naturaleza humana está corrompida y “sólo hay vicio, miseria, error, tinieblas, muerte, desesperación”. El hombre es inconcebible sin Dios y a través de él se esclarece y clarifica el propio ser y destino del hombre.

Pascal[5] ve al hombre como un ser pensante, cualidad esta que hace al hombre ser hombre: “El hombre es una caña, la más débil de la naturaleza; pero es una caña pensante. No hace falta que el universo entero se arme para aplastarla: un vapor, una gota de agua basta para matarla. Pero aunque el universo lo aplaste, el hombre sería todavía más noble que lo que lo mata, puesto que sabe que muere y el poder que el universo tiene sobre él; el universo, en cambio, no lo sabe”.


[1] Sciacca, M. Federico. Historia de la Filosofía. Editorial Luis Miracle, S.A., Cuarta edición, Barcelona, octubre de 1962, pp.326 y 327.
[2] Como Pascal escribe en los Pensées – su principal obra filosófica-: “El hombre no es más que una caña, la más débil de la Naturaleza, pero una caña que piensa. Para destruirla no es necesario que se aúne el Universo entero. Basta una gota de agua para ello. Pero cuando el Universo lo destruye, el hombre es todavía más noble que quien lo mata, porque sabe que muere, mientras que el Universo no sabe la superioridad que tiene sobre él. Toda nuestra dignidad consiste, pues, en el pensamiento”.
[3] Sciacca, M. Federico. Op. cit., p.327.
[4] Instituto de Ciencias y Humanidades. Lumbreras Editores, Lima, noviembre de 2008, p.450.
[5] Pascal. Pensamientos, 347.