domingo, 8 de marzo de 2015

LA TEORÍA DE LA PEDAGOGÍA NOOLÓGICA


LA TEORÍA DE LA PEDAGOGÍA NOOLÓGICA

Escribe: Eudoro Terrones Negrete
           
El nombre y el contenido de esta orientación nace de la filosofía de R. Eucken. Se propone alcanzar la profundización y el ennoblecimiento de la vida humana que propugna el neo-idealismo, por medio de la iniciación en los tesoros de la vida espiritual actualizados en la cultura y del estímulo de la propia actividad espiritual (activismo ético).

La dirección arranca del hecho de la existencia primordialmente natural y de la índole del hombre orientada hacia la vida social. Esta existencia es conducida a una vida verdaderamente digna de la humanidad únicamente por la intervención de un tercer factor que se actualiza justamente en la cultura (factor creado precisamente por el desdoblamiento del hombre y la Naturaleza) y el valor y fuerza impulsiva del cual se aparta de la divinidad concebida puramente como la razón universal inmanente (panteísmo). Junto y por encima de los intereses particulares y de la unión a la sociedad realmente existente, se halla el impulso superior que permite al hombre unirse con lo «divino» y conduce así al «recogimiento del espíritu en sí mismo».
           
Mediante un firme esfuerzo moral se llegaría a esta cumbre del humano desenvolvimiento, a la consecución de una personalidad verdaderamente independiente.
           
El Noologismo es, por lo que vemos, una forma del neo-idealismo particularmente halagadora para las grandes masas de los «intelectuales». La objetividad pedagógica está enfocada de antemano hacia los valores y demanda de la vida espiritual: Sobre la exclusividad de las demandas educativas individualistas y socialistas, el educador debe, ante todo, despertar y fortalecer en el educando un idealismo religioso-moral (en el sentido de Eucken). Debe pertrecharle a la vez en previsión de la lucha inevitable entre las exigencias de este reino espiritual y las derramas del mundo real. En esta lucha constante, en la cual son decisivas las grandes personalidades, radica el avance del hombre hacia su fin definitivo. Esta educación hacia la espiritualidad debe realizarse por medio de su absorción en el idealismo, el cual representa para el noologismo la fusión más perfecta del helenismo y del Cristianismo.
           
Es imposible no ver en esta pedagogía un serio anhelo para avanzar de la sencillez de una concepción puramente naturalística hacia la Humanidad verdaderamente noble. Mucho de lo que en ella se recomienda puede suscribirlo también un cristiano creyente. Esta circunstancia, sin embargo, no puede engañar respecto a su fundamentación, no ya discutible, sino absolutamente falsa; lo que deslumbra a primera vista, revela, tras un examen más detenido, un sentido panteísta que cambia en su opuesto aquello que al primer momento pareciera perfectamente conocido. Tampoco puede pasarse por alto el hecho de que la pedagogía noológica lleva consigo una vaga imprecisión que - aún considerada pedagógicamente- pone en cuestión su aplicación fecunda en los casos más dificultosos.