martes, 17 de marzo de 2015

PLANIFICACIÓN Y DESARROLLO REGIONAL


PLANIFICACIÓN Y DESARROLLO REGIONAL

Escribe: Eudoro Terrones Negrete


La administración empírica de mano con la demagogia política, el barato asistencialismo social y la corrupción notoria en muchos gobiernos regionales del Perú viene acentuando el círculo vicioso de la pobreza, no obstante contar a la fecha con ingentes recursos económico-financieros que no saben cómo utilizar por carecer de capacidad de gasto o de proyectos específicos elaborados técnicamente.

Cabe precisar que el tradicional régimen centralista dividió al territorio patrio en departamentos al estilo de las intendencias coloniales. Aparte de estar desvinculados unos de otros, no respondían a requerimientos de desarrollo de la zona, menos aún del país. Vino, entonces, la predominancia del espacio nacional, en lugar de la insurgencia progresista de espacios regionales, limitándose a las provincias en las oportunidades de su desarrollo, con excepción de unas cuantas ciudades-capitales de departamento que fueron beneficiarias del centralismo.

No olvidemos que la planificación improvisada y centralista, -desde el  apolvado escritorio de algún burócrata limeño-, fortaleció la estructura macrocefálica del país, generó la desintegración e inseguridad nacional, engendró el clientelismo político-partidario y produjo una permanente corriente migratoria de las zonas rurales a las zonas urbanas. Se usó tecnologías inadecuadas a la realidad de las regiones, se descapitalizó y desatendió el campo y mucho más. 

esultado: más pobreza crónica y desigualdad social, más marginación y exclusión social, más dependencia y dominación por los  grupos de poder plutocráticos. En una palabra: proliferó el desarrollo inarmónico, débil, desigual, indigno e injusto, ahogándose toda posibilidad e iniciativa de cambio social.

Para superar los tradicionales problemas y males del Perú debe convertirse en política de Estado la planificación regional articulado a la planificación nacional.

Nadie puede negar que la planificación regional-nacional realizada de manera científica, realista y técnica es un instrumento de desarrollo sostenible y permanente del país. Permite superar el desarticulado patrón de crecimiento y los anacrónicos modos de producción. Hace posible la redistribución de los recursos naturales y recursos económico-financieros con espíritu de equidad, justicia y oportunidad. Impulsa el desarrollo de mayores actividades productivas y disminuye sustancialmente la contradicción zona rural-zona urbana, a la vez que estimula y asegura la formación de ciudades-eje como polos de desarrollo regional.


Cuando la planificación surte sus efectos positivos, se incorporan amplios espacios productivos dando independencia y complementariedad a cada región, pero sin perder la cohesión armónica con el gobierno central. La solución del problema del subdesarrollo regional implica necesariamente la solución del problema nacional.